Análisis

 
A treinta y tres años de la desaparición física de Gamal Abdel Nasser
Por: Nayef Hawatmeh *
19 de octubre del 2003
 

La Revolución del 23 de Julio: Logros gigantescos y Grandes errores. La realidad árabe: crisis, retrocesos y no soluciones.

Treinta y tres años han pasado (28-9-1970) y aún las mentes y corazones de las fuerzas de la liberación, el progreso y la modernidad se sienten atraídas y tienen presente la desaparición del gran líder nacionalista Gamal Abdel Nasser, el primer auténtico gobernante egipcio desde los tiempos de los faraones. Está presente en la mente popular la imagen de ese personaje venido de la región egipcia de “Saeed” manteniendo en su apogeo la identidad árabe egipcia y conservando su pureza de corazón y de hechos. Gracias a sus características intelectuales, carismáticas y de liderazgo pudo encabezar rápidamente a la Revolución del 23 de Julio, impulsándola hacia un sendero de renacimiento nacionalista árabe, unitario y moderno, como respuesta y alternativa al estado de subdesarrollo, degradación y división en que estaba sumido el mundo árabe en la segunda mitad del Siglo XX, tras el fracaso del proyecto egipcio dirigido por Mohammad Alí a principios del Siglo XIX y la llegada a un callejón sin salida del proyecto de los protagonistas árabes del renacimiento, a principios del Siglo XX.

La Revolución del 23 de Julio de 1952 y, dentro de ella la experiencia y dirección de Nasser, representó una serie de tormentosas transformaciones revolucionarias patrióticas y nacionales burguesas y progresistas que abarcaron todas las esferas de la vida económica, social, clasista, intelectual, moral, política y espiritual. Fue un proceso revolucionario de eslabones estrechamente vinculados debido al propio colonialismo, las alianzas y el expansionismo sionista. En el plano interno egipcio y nacional árabe prosiguió la lucha contra las fuerzas de la degradación, el subdesarrollo, el feudalismo, la monarquía totalitaria y el capitalismo parasitario.

La Revolución de Julio, bajo la dirección de Nasser, ha sido verdaderamente una de las grandes revoluciones en la historia moderna de Egipto, de la Nación Árabe y de todo el Tercer Mundo, por lo que representó por sus gigantescos logros y grandes errores.

La Revolución del 23 de Julio –en su contexto de desarrollo y todo lo que trajo de transformaciones a todos los niveles– devino resultado de una etapa histórica, la posterior a la Segunda Guerra Mundial que dio origen a una nueva correlación de fuerzas entre dos campos internacionales, hecho acompañado por el gran desastre nacional en Palestina y el global levantamiento de las revoluciones de liberación nacional en nuestros países árabes y a lo largo del Tercer Mundo, en Asia, África y América Latina.

La revolución de Nasser había logrado grandes éxitos a pesar de todas las agresiones salvajes que se lanzaban desde el campo enemigo mediante guerras globales destructivas cada aproximadamente cinco años, entre las que se destacan acciones como la agresión tripartita de 1956, la escisión reaccionaria en Siria de 1961, la Guerra de Yemen contraria a las dos revoluciones de la República yemenita y la Revolución del 23 de Julio, desde 1962 hasta 1967. Acto seguido se produjo la Guerra de Junio de 1967 y más tarde la guerra de desgaste que desencadenó el valeroso ejército egipcio inmediatamente después de la ocupación israelí del Sinaí, Cisjordania, Franja de Gaza y las Alturas del Golán que provocó un cambio en la correlación de fuerzas, claramente reflejado en los resultados de los primeros días de la Guerra de Octubre de 1973.

La Revolución de Julio sigue siendo la dueña de gigantescos logros: la liberación del campesinado de las garras del feudalismo, la gran revolución industrial, la seguridad social, la gratuidad de la enseñanza en todos los niveles por primera vez en la historia de Egipto, la nacionalización del Canal de Suez, la construcción de la gran represa de Asuán, el reconocimiento a la identidad nacional palestina en la Cumbre Árabe de Alejandría, en 1964; el papel desempeñado en la creación de la Organización para la Liberación de Palestina, la guerra de desgaste tras la derrota de 1967, la contribución a la liberación de varios países árabes, en primer lugar Argelia, la del millón de mártires, y el amplio apoyo a la causa palestina, la cual consagró efectivamente, y durante muchos años, como la primera causa de la Nación Árabe.

Luego de cincuenta años de la Revolución del 23 de Julio de 1952 y a treinta y tres años de la desaparición física de Nasser, algunos se contentan con hacer nuevas lecturas de los logros y de los resultados de la revolución de 18 años, de los que Nasser gobernó 16. Esos tratan de hacer lecturas a partir del enfoque de la campaña contraria que dirigen las fuerzas revisionistas y retrógradas en Egipto y en los demás países árabes, tras haber comprometido los destinos de sus naciones y pueblos a la voluntad del amo imperialista. Ellos auguran la muerte de las ideologías progresistas y modernistas para hacer renacer las ideologías del Medioevo con sus subsiguientes desastres a lo largo de mil años hasta nuestros días. Así pretenden que se mantenga el mundo árabe sumido en el subdesarrollo y el atraso, la pérdida de Palestina, el retorno del colonialismo y la ocupación extranjera de las naciones árabes, para que el mundo árabe se quede fuera de lugar en la historia moderna, incapaz de defender sus patrias ni eliminar la opresión a que se están sometidos sus pueblos, sin condiciones de ir paralelo junto a la pujanza de los pueblos hacia el progreso, la democracia y la igualdad de derechos civiles en la nueva era moderna. Se pretende también impedir el avance hacia la nueva era con la revolución industrial, informática y reforma religiosa así como alcanzar la justa distribución de las riquezas nacionales. Para justificarse alegan poner el interés nacional en primer lugar. Quizás algunos van mucho más allá al vincular el surgimiento de regimenes patrióticos y sus experiencias revolucionaria nacionalistas al modo totalitario de gobierno y divulgan el criterio de que todo el pensamiento nacionalista árabe -en todas sus formas progresistas, conservadora y oscurantista, sin distinción del principio en que se basa- requiere de una revisión –por ser basado en la represión- para poder reformar su cariz humanitaria y su dimensión cultural civilizada.

En una crítica constructiva de la Revolución del 23 de Julio y la experiencia nasserista no podemos pasar por alto los errores cometidos. Sin embargo, la objetividad hace ver esa experiencia tomando en cuenta los múltiples problemas y la falta de caudal cultural de la diversidad democrática por más de mil años, o sea desde la derrota de la razón y el consecuente predominio extranjero en la mitad del primer siglo de la gobernación de la familia Abassi, en la época del califa Al Maamun.

A eso se le añade en primer lugar la reciente formación de las modernas clases y corrientes intelectuales y políticas en la sociedad egipcia. En segundo lugar el muy amplio frente de enemigos externos e internos regionales e internacionales.

Todo eso impidió y obstaculizó la ejecución de muchos aspectos de la agenda de la Revolución y la llevó a posiciones y actitudes defensivas que provocaron soluciones equivocadas y grandes errores que dieron lugar a la falta de democracia, de igualdad ciudadana y de derechos humanos. También permitió el auge del papel de la institución militar y de seguridad para desvanecer la democracia verdadera como principio y como institución. Eso llevó más tarde a que tomaran el centro del poder y de decisión las fuerzas de la reacción infiltradas en las filas de la Revolución del 23 de Julio en todos sus estamentos, estado, ejército, administración y Unión Socialista, lo que significó la muerte de la revolución. Las luchas internas en las filas del poder, es decir en el estado, ejercito y Unión Socialista, saltaron a la vista desde los primeros días tras la muerte de Nasser y el arribo de Anwar El Sadat al poder, reflejándose claramente en el Gran Golpe de Estado del 15 de mayo de 1971 contra los principios y logros de la revolución, así como contra el pensamiento progresista modernista en Egipto y en el seno de todo el movimiento de liberación y progreso árabe. No obstante, reconocer toda esa realidad no minimiza la legitimidad de la Revolución de Julio y la experiencia nasserista, ni menoscaba sus logros.

 
 
 
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