Análisis

 
Una visión analítica del Plan de Separación Israelí y los elementos de la respuesta propuesta
 
El plan actual y la respuesta perdida
Por: Qais Abdel-Karim (Abu Laila)*
5 de noviembre del 2004
 

Primero: Antecedentes del Plan de Separación:

La ejecución de la Hoja de Ruta llegó a un callejón sin salida desde que el Comité Cuatripartito la entregara a las partes interesadas, en el mes de abril del 2003, debido a que el gobierno de Sharon anunció su aceptación formal a este proyecto, pero solo bajo la condición de una serie de observaciones (14 en total), que se adjuntaron a la decisión presentada por el gobierno y pasaron a formar parte de ella. Esas observaciones privan al texto original de la Hoja de Ruta no sólo de su contenido positivo sino también del necesario equilibrio como supuesta solución intermedia entre ambas partes y le deja a los palestinos solamente las obligadas exigencias de seguridad y otras “reformistas” (es decir, aquellas relacionadas con la reconstrucción de sus instituciones).

La Hoja de Ruta fue presentada a la parte palestina como algo para ejecutar y no para negociar con la promesa norteamericana de no modificar ni una de sus letras, lo que ayudó a persuadir a la dirección palestina a anunciar su aceptación previa e incondicional. Pero esa promesa norteamericana perdió rápidamente su valor -algo que ya se vislumbraba- cuando la administración Bush anunció -aún cuando no pretendía modificar el mapa- que tomaría en consideración los 14 planteamientos israelíes al respecto y que patrocinaría su aplicación.

Esa posición norteamericana fue asimilada rápidamente en el texto de las declaraciones intercambiadas por las partes participantes en la Cumbre de Al-Aqaba, que fueron negociadas y acordadas con Estados Unidos.

Washington asumió de manera absoluta el proceso de aplicación de la Hoja de Ruta obviando el esfuerzo colectivo del Comité Cuatripartito, lo que -en el contexto de la promesa norteamericana a Israel- condujo prácticamente a privar al Plan de su equilibrio, del factor mutualista y de la simultaneidad en la ejecución de los pasos requeridos por ambas partes, además de descartar la censura internacional.

Esa falta de correlación condujo al desmoronamiento del proyecto que aún se encuentra en la fase inicial representada por el llamado “cese de la violencia”. A pesar de que la parte palestina cumplió de manera rigurosa con la tregua global por más de 50 días, Israel continuó las operaciones de destrucción, asesinatos y detenciones en concordancia con una de las observaciones más notorias hechas a la Hoja de Ruta: que lo estipulado en cuanto al “cese de la violencia” no obliga a Israel a limitar su guerra contra lo que llama “organizaciones terroristas”.

La suspensión de la tregua frenó totalmente el proceso de aplicación del Mapa de Ruta que se encuentra en un estado de muerte clínica. No obstante la reactivación de la resistencia con un ímpetu mayor tras la rotura de la tregua y el continuo incremento del carácter masivo de la Intifada, pusieron de manifiesto inmediatamente el cada vez más agudo callejón sin salida en el que cayó Israel. En sólo unas pocas semanas los dirigentes de las instituciones militares y de seguridad, incluidos los más extremistas, comenzaron a reconocer el fracaso de la “opción militar” frente a la Intifada que constituyó el eje de la estrategia del gobierno de Sharon. Así comenzó a cristalizar en la dirección israelí la idea de la desvinculación unilateral, cuya adopción fue anunciada públicamente por Sharon en un discurso pronunciado ante el Congreso de Hertsilia, a finales del pasado año.

Durante los cuatro meses posteriores a ese anuncio el proceso de cristalización de los factores de este proyecto unilateral en los forums sionistas de toma de decisiones estuvo acompañado por un intenso esfuerzo negociador entre israelíes y norteamericanos a diferentes niveles, que culminó con varias rondas de conversaciones entre Dov Weisglass, Jefe de Despacho de Sharon, y Condoleezza Rice, Asesora de Seguridad Nacional de la Administración Bush.

Segundo: La versión original del Plan de Sharon

Según la correspondencia intercambiada entre el Presidente Bush y Ariel Sharon, el 14 de abril último, y la carta enviada por Wiesglass a Condoleezza Rice sobre las medidas a tomar para poner en práctica los compromisos israelíes definidos en ambas misivas, el proyecto divisorio unilateral se convirtió en un mutuo compromiso oficial norteamericano-israelí. El análisis de las cartas intercambiadas indica que ese proyecto invalida la Hoja de Ruta, al despojarla de su contenido y adoptar, completa y casi textualmente, las 14 observaciones hechas por el gobierno israelí, que adjuntó al plan en calidad de condiciones planteadas para su aprobación.

Ambas cartas, la de Sharon y la de Wiesglass, así como el Proyecto Divisorio adjunto a esas misivas, hablan de que Israel evacue todos los asentamientos de la Franja de Gaza y otros cuatro pequeños y aislados, situados al Norte de Cisjordania. También pide el despliegue de sus fuerzas en la “cubierta terrestre exterior” de la Franja, conservando el control de Filadelfia, aledaña a la frontera egipcia (con su posible ampliación en algunas zonas) y de los espacios aéreo y marítimo de Gaza. El Proyecto deja abierta la posibilidad de evacuar Filadelfia en caso de que se llegue a un acuerdo apropiado con Egipto e igualmente le otorga a Israel el derecho de intervenir militarmente en Gaza, incluyendo la realización de “ataques preventivos y la utilización de la fuerza en respuesta a cualquier amenaza que pueda provenir de esa zona”.

El Proyecto se compromete a concluir la evacuación a finales del año próximo, mientras que reafirma la “acelerada” construcción del “Muro de Seguridad” a tenor de las resoluciones del gobierno de Israel por considerarlo “una barrera de seguridad y no una barrera política y provisional”.

Los compromisos contenidos en la carta de Bush, a cambio de esos prometidos pasos israelíes, constituyen una total respuesta norteamericana, documentada oficialmente, a las 14 observaciones hechas por Israel. El más importante de esos compromisos es el relacionado con la cuestión del arreglo permanente: eliminar el compromiso norteamericano de que los refugiados palestinos retornen a sus hogares, exhortar a que sean asimilados por el futuro Estado Palestino y que Washington se comprometa a reconocer el derecho de Israel a una “frontera de seguridad que pueda ser defendida”. Ello significa -según la carta de Bush- que “cualquier acuerdo sobre el status permanente no podrá ser ejecutado sino sobre la base de modificaciones aprobadas” a las “líneas de la tregua del año 1949”, que tomen en cuenta “las nuevas realidades creadas en el terreno incluyendo los principales centros poblacionales israelíes existentes realmente”. Ese texto no solo incluye la adjudicación de una falsa legalidad a la ilegal colonización israelí sino que llega al extremo del compromiso de Estados Unidos, supuesto patrocinador principal del proceso de paz, de que no es posible llegar a un arreglo permanente si la parte palestina (y la árabe) no acepta incluir en Israel los principales bloques colonialistas.

Los compromisos norteamericanos no se limitan a las negociaciones sobre la situación permanente, que constituye la tercera etapa de la Hoja de Ruta, sino que también incluyen importantes compromisos relacionados con la primera etapa de

dicho plan que se alinean totalmente al concepto israelí expresado en las 14 observaciones:

Apoyar la posición israelí de que el compromiso de detener la violencia no limita el derecho de Israel a “defenderse contra el terrorismo incluyendo ataques a organizaciones terroristas”.

Tener en cuenta la continuación de la construcción del Muro Divisorio israelí y su aprobación tácita con el pretexto de que es un muro de seguridad y no político, provisional y no permanente.

Exonerar a Israel de la obligación de suspender las actividades colonialistas de forma total incluyendo el “crecimiento natural” y permitirle continuar la construcción y desarrollo de los asentamientos dentro de lo que se denomina “líneas de construcción”, que serán definidas por un equipo israelí en coordinación con el embajador norteamericano Dan Kertzer.

En lugar de desmantelar todos los focos colonialistas establecidos en marzo del año 2001, tal y como lo estipula la Hoja de Ruta, las misivas intercambiadas (entre Tel Aviv y Washington) hablan de “eliminar los focos colonialistas no autorizados”.

Desestimar cualquier señalamiento sobre la obligación de levantar el cerco impuesto a las instituciones de Jerusalén según lo estipulado por la Hoja de Ruta en su primera etapa.

En lugar de “construir las instituciones” palestinas y reformarlas según plantea la Hoja de Ruta, las misivas intercambiadas hacen hincapié en la necesidad del surgimiento de “una nueva dirección” (palestina) que coopere con Israel en la guerra contra el “terrorismo” y el desmantelamiento de las “organizaciones terroristas”.

 
 
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