En lugar de impedir el tratamiento internacional al Plan Israelí y presionar a las fuerzas internacionales y regionales para que se abstengan de cooperar con su aplicación, esa confusión palestina y la falta de una respuesta nacional cohesionada, posibilitan que la maniobra israelí centre la atención y se convierta en el eje de las acciones y los esfuerzos políticos a nivel internacional y regional en lo que dichas fuerzas comienzan paulatinamente a tratar el Plan de Separación por ser (o con el pretexto) el único plan planteado, de esta manera sustituyen al Plan de la Hoja de Ruta, aun cuando esa consideración haya estado acompañada de planteamientos engañosos que hablan de convertirlo en un paso inicial para llevar a cabo la Hoja de Ruta.
Los indicios de esa inclinación auguran efectos catastróficos para la posición palestina e imponen la necesidad de salir rápidamente de ese círculo de confusión y cristalizar una respuesta palestina efectiva y cohesionada.
Sexto: La debida respuesta palestina y el plan para el enfrentamiento.
La posición palestina en cuanto al Plan de Separación Modificado debe partir de que la verdadera esencia de esa propuesta no es la retirada de Gaza y la evacuación de sus asentamientos, sino concluir la construcción del muro, ampliar los asentamientos en Cisjordania, ignorar las exigencias de la Hoja de Ruta y destruir los pilares sobre los que se sustentó el proceso de paz en lo relacionado con la solución permanente (específicamente lo referente a las fronteras, Jerusalén y los refugiados) lo cual significa:
1- Reafirmar el rechazo al Plan Israelí, pues contradice las exigencias de la paz y la legalidad internacional y es incompatible con la Hoja de Ruta. Por lo tanto, no puede constituir una oportunidad o una puerta para el avance hacia el logro de la paz, ya que la verdadera y única opción sería que el Comité Cuatripartito cumpla con su deber en el establecimiento de un plazo de tiempo determinado para cumplir los compromisos mutuos estipulados por la Hoja de Ruta y el control del proceso de ejecución a través de una fuerza internacional eficaz.
Destacar la prioridad de enfrentar la construcción del Muro Divisorio y Racista y la expansión colonialista ya sea a nivel popular, político o diplomático, así como trabajar por recuperar el papel central que ocupa ese asunto en el centro de interés internacional y frustrar los intentos de Israel por desviar la atención para centrarla en el tema de la evacuación de Gaza.
Exhortar al Comité Cuatripartito a acelerar la celebración de la conferencia internacional de paz en aras de reafirmar las bases del proceso de paz, cumplir las resoluciones de la legalidad internacional al respecto, así como destacar esta convocatoria por considerarla el eje de la acción política y diplomática palestina y no solo como una posición propagandística.
Debido a que el Plan Israelí no es más que una maniobra estratégica a largo plazo, la respuesta palestina eficaz debe ser estratégica y a largo plazo traducida en la reorganización de las filas patrióticas palestinas y la consolidación de su unidad para continuar la batalla contra la agresión y la ocupación, así como garantizar las bases de la resistencia a través de un proceso de reforma global sobre la base de la participación colectiva. El documento aprobado por los destacamentos de la OLP en Ramallah y Gaza, el pasado mes de marzo, constituye un marco apropiado para el programa nacional encaminado a la consecución de ese objetivo, para lo cual se requiere comenzar a establecer los mecanismos prácticos para su ejecución por parte de la dirección de la OLP, sus destacamentos e instituciones incluyendo a la Autoridad Nacional Palestina y, al mismo tiempo, continuar el diálogo sobre ese tema con las fuerzas islámicas hasta el logro de denominadores comunes.
Ese programa exhorta a consolidar el consenso nacional para continuar la Intifada hasta alcanzar su objetivo estratégico, que es expulsar a los invasores israelíes de todos los territorios ocupados a raíz de la agresión de junio del 1967, evacuar los asentamientos, establecer un Estado Palestino independiente totalmente soberano con Jerusalén como capital y el derecho de los refugiados a retornar a sus hogares según la resolución 194. El programa define con exactitud los medios a emplear en la lucha para llegar a ese objetivo incluyendo la resistencia legítima, evitar que los civiles sean tomados como blanco de ambas partes en conflicto y exhortar, además, a crear una dirección nacional unificada que logre la participación de todos en la toma de decisiones. También llama a activar las instituciones de la OLP, fortalecer su papel de dirección colectiva y establecer un gobierno de unidad nacional en el que participen todas las fuerzas patrióticas e islámicas.
A fin de fortalecer los pilares de la resistencia en la larga lucha contra la ocupación y la agresión, el programa establece un plan claro para la reforma democrática global que garantice la reconstrucción de todas las instituciones nacionales sobre bases democráticas, pone fin al caos, fortalece la soberanía de la ley y el poder de la justicia, erradica la corrupción y reparte la carga económica de forma equitativa entre los diferentes sectores del pueblo. El programa trata con mucha precisión las tareas de la preparación para enfrentar los desafíos que se deriven de cualquier paso unilateral por parte de Israel según expondremos más adelante.
Los pasos más importantes y perentorios para la ejecución de ese programa se traducen en la celebración de elecciones en las entidades del gobierno local y en llevar a cabo una preparación seria para las elecciones generales. Además de que esos comicios representan un paso inicial para la organización de la situación interna sobre la base de la participación democrática y de la unidad nacional global, las cuales (por formar parte de las obligaciones impuestas a la Autoridad Palestina por la Hoja de Ruta), pueden ayudar a enfrentar las presiones externas que enarbolan la bandera de la reforma, a poner al descubierto la falacia de la ausencia del socio palestino, a atraer la atención de la opinión pública internacional y a hacer fracasar las engañosas operaciones israelíes. En ese sentido es posible adoptar los siguientes pasos de manera urgente:
Ampliar la comisión suprema electoral para los organismos del gobierno local con la participación de los representantes de las fuerzas políticas, llevar a cabo, de forma urgente, las modificaciones a la ley propuestas, comenzar realmente el proceso de inscripción de los electores, establecer un calendario para cumplir con las etapas del proceso electoral en un período no mayor de un año, así como consagrar todas las energías y los esfuerzos para garantizar el cumplimiento de ese calendario.
Comenzar un serio proceso de preparación de las elecciones generales:
Concluir rápidamente la modificación de la ley sobre la base del sistema de representación mixta (porcentual más circunscripcional), la cuota femenina, disminuir la edad para la candidatura (teniendo en cuenta que la revisión de la ley electoral y su modificación es una de las obligaciones que nos plantea la Hoja de Ruta).
Llevar a cabo, de manera urgente, el proceso de inscripción electoral y demás acciones administrativas preparatorias requeridas por las elecciones.
Dirigirse a la comunidad internacional, en específico al Comité Cuatripartito, sobre la base de la credibilidad que otorgan esos preparativos a la seriedad del propósito palestino de celebrar las elecciones, para así presionar a Israel para que ponga fin al cerco, elimine los puntos de control y se retire a las posiciones anteriores a la Intifada, lo que garantizará las condiciones necesarias para realizar unas elecciones libres y honestas, asesoradas y supervisadas de forma internacional.
En el contexto de esa posición nacional deben ubicarse los preparativos necesarios para enfrentar los desafíos que se deriven de cualquier paso unilateral dado por Israel, incluyendo la posibilidad de que se retire y evacue los asentamientos en la Franja de Gaza. Esos preparativos deben basarse en:
Considerar la retirada de las fuerzas de ocupación y de los colonos de cualquier porción de los territorios palestinos ocupados como un logro de la lucha nacional palestina que debe llevarse a cabo sin dictados o condiciones injustas impuestas a la parte palestina. En lugar de acoger de forma engañosa cualquier paso unilateral, la dirección palestina debe declarar que no se opone a la retirada unilateral, pero que ello no entraña compromiso alguno para ella, y a la vez rechazar cualquier intento de Israel de cobrar un precio por esa retirada con lo que evitaría cumplir los compromisos internacionales, tal y como lo estipula la Hoja de Ruta. |