En la actualidad, la Humanidad atraviesa una nueva etapa de transición, a todas luces de largo alcance, producto del nuevo antagonismo entre “El Trillón Dorado” y los trillones de las comarcas (suburbios planetarios) donde se debaten en los continentes del Tercer Mundo y del Sur, entre la pobreza y marginación, los cinco trillones de condenados a la más aguda penuria.
La fuerza de la izquierda y su futura efectividad radica en la capacidad de las naciones de trazar su futuro e implementar políticas alternativas, tal como ocurre en América Latina frente a las políticas desestabilizadoras ejecutadas a partir de la teoría sobre “El Caos Constructivo” (podría decirse también desorden provechoso) persiguiendo sus objetivos por medio de la identidad, etnia y chovinismo religioso.
A estas políticas de socavación se enfrentan la democracia, el estado de la ley y el pueblo unido. Para enfrentar la agresión se debe partir, como premisa, de las lecciones del pasado mirando hacia el futuro. Los pueblos unidos pueden resistir, triunfar y retornar a las verdaderas fuentes humanitarias, sin duda izquierdistas, impulsándolas hacia la renovación humanitaria desde la creación hasta nuestros días.
Teniendo en cuenta que la pobreza es inevitable en el sistema capitalista, la única red social que no solo es capaz de aliviar su impacto sino también de evitar la disparidad social es aquella basada en las concepciones de justicia social. La economía mundial pertenece a una cúpula selecta, con un reducido grupo proveniente del Tercer Mundo y del Sur, cuya imagen es divulgada como el emigrante que se asiló en ultramar, “Terrorista” o “Fundamentalista”, cuando en realidad son víctimas de las nefastas consecuencias del subdesarrollo y del brutal saqueo de los recursos, de la desigualdad ciudadana dentro de su propio pueblo, de la falta de justicia y democracia entre los pueblos y las naciones, al tiempo que la globalización y el libre mercado alegan la eliminación de las barreras para permitir que los capitales campeen sin freno por su cuenta.
En franco retroceso se encuentran los logros alcanzados por las naciones del bienestar tras la II Guerra Mundial. Tal es así que la aspiración de los neoliberales es llevar al mundo de nuevo a las relaciones del Siglo XIX entre el Centro y las Comarcas, entre el Norte y el Sur, objetivo fuertemente rechazado en Seattle, EEUU, Porto Alegre, Brasil, Durban, Sudáfrica, Venecia e Italia. Todo esto frente a las cumbres de globalización, protagonizadas por las siete naciones más industrializadas del mundo. Y ya que la mayoría en el mundo está sentada en el banquillo de los espectadores sometidos, se produce lo que vivimos hoy de fenómenos, revoluciones, millonarias manifestaciones, gobiernos inestables, comisión de guerras, terrorismo, inestabilidad social; o sea justamente lo que llamaría Marx: Una contradicción (antagónica) inhumana dentro del sistema capitalista .
Las posibilidades existentes en la Historia son el retorno a la tendencia democrática progresista por su estrecho vínculo con la tendencia socialista y dentro de ese marco mantener la independencia, el desarrollo de los pueblos, los derechos del hombre, la paz y el medio ambiente, componentes estrechamente interrelacionados, junto al conjunto de nuevas agrupaciones democráticas progresistas. El estilo de su movimiento social representa el grueso de las aspiraciones históricas de la izquierda, con sus supremos ejemplos: “La Democracia del Socialismo y el Socialismo de la Democracia”.
También lo es la imagen mancomunada -la Fuerza Activa- que se reorganiza en todo el mundo, capaz de brindar nuevas bases para generar aspectos de solidaridad tanto a nivel de la izquierda democrática como de los pueblos, en adición a la solidaridad social en el seno de las diferentes naciones frente a las tentativas de desintegración.
Hay numerosos puntos de interrelación política que dan lugar a razones de optimismo, de ellas, que la humanidad, intelectualmente hablando, se encuentra ante un nuevo y radical cambio. La crisis mundial puso a la izquierda en el sendero de una nueva gestación parecida a los centros de pronóstico prematuro de terremotos. Se trata pues de una realidad relativa en el tiempo y en el espacio, pero se queda incólume la conclusión histórica de que el socialismo ha sembrado raíces profundas -valores y conceptos- en la conciencia de los pueblos que poseen gran significado y sentido y representan aspiraciones y anhelos. Por tanto debería resurgir como una necesidad de la edificación democrática dentro de un solo pueblo y entre las naciones a nivel planetario.
Ante todo, toda persona de opinión debe pronunciarse sin titubeo, en el contexto de las transformaciones actuales, por revitalizar el sentido de lo posible. Hay partidos que perdieron la fe en el socialismo a raíz del desplome del socialismo burocrático soviético. No obstante, es imprescindible recordar que los movimientos obreros en el Mundo aparecieron mucho antes que el socialismo soviético y cualquier desvinculación del Hombre de su patrimonio constituye una manifestación de derrotismo que conduce a la resignación y acomodo, naturaleza que el neoliberalismo trata de sembrar en la raza humana.
A nivel de esas cambiantes cúpulas y partidos (direcciones de partidos que sin perder la razón pasaron a posiciones diametralmente opuestas), la experiencia nos señala que es erróneo confundir el ser intelectual con el ser izquierdista, ya que ser intelectual no constituye la garantía de la democracia humana. En la práctica, los obreros y los estratos trabajadores, además del empleo de su fuerza, enrolados bajo las banderas de una organización sindical social, son realmente poseedores de una mayor experiencia que los intelectuales. Nuestra observación está siendo corroborada por el movimiento de los pueblos en América Latina, considerada históricamente por Washington como su traspatio. El auge de los movimientos izquierdistas es el aldabonazo que anuncia el advenimiento de una nueva era histórica y lo vemos en el Brasil de Lula, la Venezuela de Chávez, la Bolivia de Evo Morales, así como en Argentina y Chile, y junto a ellos la firme e históricamente sitiada Cuba.
Esto indica que ya llegó la hora de encarar el hegemónico discurso neoliberal, no del punto de vista teórico, sino desde una posición práctica y crítica a partir de experiencias generalizadas a nivel de los pueblos y en el marco de lo posible si se dispusiera de voluntad y efectividad.
Llegar a las masas es el primordial objetivo de todas las fuerzas democráticas y progresistas a lo largo de los cinco continentes. Por tanto, el Muro del Silencio, es un muro material bajo el efecto directo del capital.
La propaganda mediática es el instrumento predominante que invade y cerca con sus planteamientos la vida de los pueblos, clases sociales y relaciones entre las naciones. Romper el cerco “Unánime” es paupérrimamente difícil pero posible frente al discurso predominante. Tal objetivo solo se logra cuando los iluminados no caen en ese lapso de negligencia, cuando erigen una alternativa a las creencias supersticiosas impulsadas por los capitales de las grandes empresas, o sea cuando se levanta, en un valiente acto de rebeldía, contra los dictados impuestos. ¿Por qué? La causa sin quonon es que nos dirigimos a los protagonistas de la historia, a las víctimas y a los marginados.
El político no es el único que campea por su cuenta en esta plaza. También hay grupos de oradores, verdaderos productores del discurso político, de intelectuales, escritores, artistas e investigadores, que deben ser capaces de retomar sus medios de producción.
He empleado adrede este clásico término marxista, debido a la paradoja de que los intelectuales renovadores están totalmente apartados de los medios de producción y divulgación al no poseer ningún control sobre los mismos. Este sector, la maquinaria mediática, es objeto de la despiadada privatización que anula la cultura basada en la crítica, el análisis y el rechazo a todas las sandeces devenidas de necio formalismo. ¿Por qué?
El saber crítico que es sinónimo del pensamiento izquierdista es, en realidad, la antesala de la cultura creadora y todo derivado de una viva cultura humanitaria, en plena auto catalización.
La privatización de la cultura exige en la práctica su transferencia al factor externo, predominante y poderoso, y a las fuerzas políticas retrógradas internas en nombre de la autenticidad. Así es como se reduce la memoria viva de los pueblos con vista a turbar y a nublar la historia verdadera. Por ejemplo, si tratamos de llevar ese mensaje a través de un canal de mucha audiencia, se nos boicotea de inmediato en un repentino retorno a la censura, porque quien ostenta el poder financiero en los medios de difusión masiva, cambia todo con un solo salto ante los hechos trascendentales. La historia y la realidad patentizan la ley de imposición tiránica “El que tiene manda”.
El escritor de masas, dotado de todos los recursos para interpretar y responder, debe hacer gala de su experiencia y poner su profesionalismo a disposición de los demás. Es un pensamiento fecundo ante el desatado histerismo y exclusión de las oprimidas, desposeídas y frágiles clases populares, debido al reciclaje del libre capital alrededor de la tierra y sus satélites en la órbita de nuestra región. Por muy diversas que sean las manifestaciones creativas, la expresión en este contexto es una de las más importantes formas de resistencia.
Lo paradójico en la política es que uno debe repetir las certeras y probadas ideas hasta tanto se escuche su propio eco, sobre las masas. De ahí la importancia de sortear todas las posibles vías de expresión para comunicar a las masas el llamado al combate contra todas las modalidades del neoliberalismo.
*Secretario General del Frente Democrático para la Liberación de Palestina |