Análisis

 
La puerta abierta: El Estado Palestino
Por: Mohammad Al-Jundi
4 de febrero del 2005
 

El Estado Palestino sólo puede tener sentido cuando sea una genuina expresión del derecho del pueblo palestino a la autodeterminación. Todo estado independiente supeditado a Israel no será más que un mero menoscabo de ese derecho por ser simplemente una tutela indirecta de la administración sionista sobre el pueblo palestino, que se desangra día a día en aras de poner fin a la ocupación y materializar sus derechos a la autodeterminación y al establecimiento de un estado sobre la parte ocupada desde 1967.

El Estado Palestino se aprobó en virtud de la Resolución de División de Palestina por Naciones Unidas el 29 de noviembre de 1947. Sin embargo, esa resolución fue opacada por las administraciones árabes de entonces. Como resultado de la ficticia guerra llevada a cabo por aquellos regímenes, las fuerzas sionistas se apoderaron de la mitad del territorio perteneciente a los palestinos en virtud de la citada resolución, y la otra mitad fue anexada por los gobiernos árabes.

El quince de noviembre de 1988, el Consejo Nacional Palestino, que sesionó en Argel, decidió instalar un estado en el exilio, pero ese paso no recibió el respaldo de las administraciones árabes. En consecuencia, los gobiernos árabes podían, por ejemplo, nombrar embajadas ante ese estado o aceptar sus documentos oficiales, como pasaportes, etc.

En la Conferencia de Madrid, se borraron el estado y la entidad palestina al ser integrados los palestinos como parte de la delegación jordana, aunque más tarde se separaron y como grupo independiente comenzaron las negociaciones con Israel.

Los participantes en la reunión de Oslo eliminaron de la agenda el tema del Estado Palestino, pero fueron más allá al eliminar también la demanda de la retirada israelí de Gaza y Cisjordania y la liberación de los prisioneros palestinos.

En los Acuerdos de Oslo, la parte palestina brindó a Israel garantías económicas y de seguridad, de modo que los palestinos en los territorios ocupados quedaron muy mal parados y tuvieron que soportar duras condiciones, al ser sometidos a todo tipo de restricciones en lo relativo a la libertad de movimiento, acceso a fuentes de agua y libre venta de sus productos, entre otras. Israel, por su parte, devoraba los territorios palestinos con fines militares, a favor de las colonias o para construir carreteras circunvalantes.

Vale recordar que antes de los Acuerdos de Oslo, los palestinos gozaban de libertad de movimiento, incluso dentro de las fronteras de 1948. También tenían la posibilidad de resolver relativamente sus necesidades de vivienda, acceso a fuentes de agua y alguna que otra facilidad.

Sin embargo, los Acuerdos de Oslo desembocaron en un callejón sin salida, ya que la administración sionista dejó paulatinamente de cumplir sus compromisos y renunció incluso al poco avance brindado a los palestinos. Los cronogramas desaparecieron, la colonización se expandió, la ciudad de Al-Khaleel (Hebron) requirió de nuevos y complejos acuerdos, y el pueblo palestino fue sometido a nuevas y cada vez mayores restricciones.

En ese contexto, la segunda Intifada no se desató solamente por culpa de Ariel Sharon, por lo que simbolizó su incursión en la explanada de la Mezquita de Al-Aqsa, que no era más que imponer un control sobre ese lugar, sino como una consecuencia del cúmulo de sufrimientos que padecían los palestinos. ¿Acaso la Intifada se desencadenó en busca del establecimiento del Estado Palestino?

La Autoridad Nacional (ANP) aceptó más tarde el Plan Tenet para el cese del fuego y la aplicación del Informe Mitchell para entrar en negociaciones políticas. No olvidemos que Tenet fue director de la tristemente célebre CIA y tampoco dejemos de lado los intentos de impedir el derecho de los palestinos a la autodefensa que significaron los encuentros israelo-palestinos, israelo-estadounidenses, israelo-árabe-palestinos, euro-palestinos, e israelo-europeos. Muestra de ello es que el Informe Mitchell plantea, ante todo, decretar el alto al fuego para más tarde “cesar la colonización” y pasar a las negociaciones políticas. Ahora, tras la real reocupación de Cisjordania y Gaza (la ocupación que sólo se desmanteló ilusoriamente), las negociaciones, en caso de llevarse adelante, al estilo “Mitchellista”, se centrarán en torno a los Acuerdos de Oslo, única y exclusivamente, y los resultados serán mucho más inferiores a lo estipulado en ellos, haciendo, en todo caso, que los palestinos asuman materialmente las consecuencias de toda la destrucción causada, es decir, vulgarmente, cargarán los palestinos con el muerto.

Esa es la óptica estadounidense para solucionar el problema palestino que se fundamenta en señalar a los palestinos como agresores y a la administración israelí en la posición de autodefensa. Por tanto, exige a los palestinos el cese del fuego (o de la violencia) como primera condición para las negociaciones, que estarían signadas por la ambigua promesa de una versión israelo-estadounidense de un Estado Palestino, o sea un apéndice político-económico con un gobierno de muy limitada autoridad.

Ese punto de vista fue y es aceptado por la ANP y constituye, a corto plazo, el tope máximo admitido, a niveles árabe e internacional, como fruto de la política palestina.

Es imprescindible que los palestinos terminen con esa realidad y pongan ante si un Estado Palestino capaz de vivir o sobrevivir política y económicamente, que pueda tener relaciones libres con los países vecinos y el mundo, constituido de forma moderna, democrática, no confesional, en lo constitucional y político.

No obstante, ese estado sería el resultado de una fórmula regional e internacional y no sólo un deseo que puede ser alcanzado a corto o largo plazo.

A partir de ahí, el quehacer palestino no es simplemente una lucha frente a la ocupación aunque esta constituye una parte fundamental del trabajo. Sin embargo, va aparejado con una intensa lucha interna por establecer una óptica común con respecto al Estado, sin la cual el establecimiento de ese estado se convierte en un objetivo ambiguo e indefinido y por consiguiente inalcanzable ya que cada cual ve las cosas a su manera y estilo.

Esa lucha debe ir acompañada por un combate intenso a nivel regional, ya que el tema del Estado Palestino es parte de un marco más abarcador, que incluye a Israel y los países vecinos principalmente, así como y en forma general a las naciones árabes, Turquía e Irán.

Cada país colindante, grande o pequeño, desempeña un papel y de no tenerlo en cuenta se cometerían graves y peligrosos errores y decepciones similares a las que se producen, de una forma u otra, en las Cumbres árabes.

Las coyunturas internacionales son, a su vez, de suma importancia. El capitalismo internacional, encabezado por la administración estadounidense, está trazando nuevamente el mapamundi después que redibujó el mapa del bloque comunista al que convirtió en pequeños y dispersos estados. La Unión Soviética devino Rusia más otros estados pequeños, Checoslovaquia se convirtió en dos países, Yugoslavia se trastocó en varios bantustanes e Iraq se dividió en tres partes.

Ese capitalismo internacional está totalmente alineado con la derecha israelí apoyando los planes de expansión y exterminio del pueblo palestino, así como la expansión, actualmente en los territorios de 1967 y posiblemente, y muy pronto, hacia Jordania y partes de Siria, si se vislumbrara la posibilidad y la coyuntura internacional favoreciera esos afanes.

Ante esa situación, es necesario luchar contra ese capitalismo internacional, tarea que no recae sólo sobre los hombros del pueblo palestino, sino que se enmarca dentro del movimiento mundial contra la globalización, el quehacer patriótico en los diferentes países y el actuar de todas las organizaciones políticas progresistas y de las diferentes fuerzas obreras a nivel mundial. De ese modo, la batalla por alcanzar el derecho del pueblo palestino a la autodeterminación y al establecimiento de un Estado Palestino es grande y de superamplias dimensiones en el tiempo y en el espacio.

Se plantean pues varias interrogantes. ¿Hasta que punto pueden ser provisionalmente útiles las soluciones al estilo de Oslo? ¿Hasta dónde se puede confiar en la administración estadounidense para solucionar la causa palestina, lo que, como máximo, daría lugar a bantustanes supeditados a Israel, al estilo de los que implantó el régimen de segregación racial en Sudáfrica, divididos, sin libertad de movimientos internos y privados de la comunicación con el exterior, la que se realizaría sólo a través de Israel?

¿Hasta qué punto la tregua unilateral palestina podría allanar el camino hacia una solución provisional o permanente para el pueblo, sometido a hambruna, bloqueo y demolición de viviendas? ¿Hasta dónde pueden ser fiables los macabros engendros israelo-estadounidenses?

De las administraciones y de las formaciones sociales y políticas árabes se requiere una lucha útil contra el imperialismo internacional en general y el estadounidense en particular. Toda lucha de otro tipo, confesional o racial, favorecerá, a fin de cuentas a los intereses del imperialismo internacional.

El Estado Palestino sólo podrá tener sentido cuando sea una expresión del derecho del pueblo a la autodeterminación. Todo estado subordinado a Israel sólo existirá en menoscabo de ese derecho, porque significará una tutela indirecta de la administración sionista sobre el pueblo palestino.

En su contenido de libertador y no subordinado, el Estado Palestino está ligado históricamente a la lucha árabe y palestina, y en cuanto palestinos y árabes encaucen su lucha con la batalla mundial contra el actual hegemonismo imperialista, se acercarán no sólo el objetivo de establecer el Estado Palestino independiente, sino también de la entidad árabe libre e independiente del hegemonismo imperialista y poseerá posibilidades de desarrollo a largo alcance.

Es la responsabilidad histórica de los pueblos y de los gobiernos nacionales árabes. Esperamos que asuman sus responsabilidades.

Fuente: http://www.alhourriah.org/

 
 
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