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Crónica del ¿desencuentro?
Por: Juan Dufflar Amel
23 de mayo del 2009
 

Sin rebasar las normas del protocolo, la cortesía y el cauteloso lenguaje diplomático, la primera entrevista entre Barack Obama y Benjamín Netanyahu, en la Casa Blanca, no evidenció resultados tangibles para el relanzamiento de las negociaciones del estacando proceso de paz israelo-palestino.

La opinión generalizada es que el primer ministro de Israel, al frente de la coalición ultraderechista resultante de las elecciones legislativas de febrero pasado, no logró durante el encuentro de tres horas conciliar algunas divergencias en los criterios sustentados por ambos mandatarios sobre la solución del diferendo, y retornó a Tel Aviv con el portafolio tan vacío como lo trajo en su largo periplo a Washington.

Observadores políticos refieren que estas eventuales discrepancias tienen como punto de partida los pronunciamientos formulados en la entrevista por el Presidente norteamericano y recogidos por los medios de prensa, acerca de que el proceso de conversaciones entre israelíes y palestinos se sustente en la fórmula del denominado Mapa de Ruta, que considera dos estados, uno israelí y otro palestino y en los acuerdos de la Conferencia Internacional para la Paz en el Oriente Medio celebrada en Annapolis.

En cuanto a la constitución del Estado palestino independiente, Netanyahu se limitó a hacer malabares verbales sin mencionar la palabra estado y solamente se refirió a la posibilidad de existencia de una ambigua “entidad palestina” sin garantizar un pronto inicio de negociaciones con la Autoridad Nacional Palestina (ANP).

Para el premier hebreo, que cuenta con el apoyo del lobby judío en Estados Unidos, las prioridades siguen siendo las de combatir al Movimiento de la Resistencia Islámica (Hamas), que gobierna en la Franja de Gaza, y a la República Islámica de Irán, con la que, como con Siria, considera contraprudecente establecer negociaciones.

Al soslayar la esencia del proceso de paz en el Oriente Medio, el jefe del gobierno sionista se empleó a fondo en hacer patente sus aprensiones acerca del plan de desarrollo nuclear iraní, agitando el fantasma de las amenazas que para Tel Aviv dice representar la posibilidad de que Teherán se dote del arma atómica.

El también jefe del Partido Likud, al igual que su predecesor en el cargo de premier, Ehud Olmert, se mantiene aferrado a la política de confrontación con Teherán y se niega a un nuevo enfoque de menos antagonismos y a conceder una mayor prioridad a la gestión diplomática.

Calificado de furibundo representante de la derecha sionista, Netanyahu acumula un nada edificante expediente de gobierno opuesto a la constitución de un Estado palestino y mucho menos al levantamiento de los ilegales asentamientos en los territorios ocupados en Cisjordania.

Es notorio que en ese sentido ha actuado siempre como su mentor y arquitecto de la política de diseminación de colonias hebreas en Palestina, el ex primer ministro israelí, Ariel Sharon.

Como desafío a quienes propugnan desmantelar esas instalaciones, días antes de acudir a la cita con Obama, autorizó la construcción de nuevas edificaciones de ese tipo, reafirmando sus propósitos de no ceder ante sus antagonistas.

Otra inequívoca señal de la oposición del gobierno sionista a la constitución de un Estado palestino independiente fue la aseveración del nuevo ministro de Relaciones Exteriores, el ultranacionalista Avigdor Lieberman, de que los acuerdos de la conferencia de Annapolis, carecían de vigencia para el arreglo del conflicto, tras anunciar posiciones muy duras respecto a los palestinos y los sirios.

Pero, en opinión de los comentaristas de la prensa internacional, ciertas diferencias de concepciones entre Washington y Tel Aviv para una solución de paz en el Oriente Medio no representan una fisura en las históricas relaciones entre ambos gobiernos aliados.

Mientras, las divisiones internas que subsisten entre las fuerzas palestinas de Hamas y Al-Fatah, son obstáculos a superar para presentar un frente monolítico ante Israel y Estados Unidos, capaz de poner fin a un cruento conflicto que ha perdurado más de 60 años.

 
 
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