En el momento en que la mirada se dirigía hacia la Franja de Gaza, para seguir la sangrienta cadena de agresión sionista contra el pueblo palestino desatada a raíz de la captura del soldado israelí, estalló sorpresivamente la situación en el sur del Líbano.
Los combatientes de la Resistencia Libanesa golpearon una posición del ocupante israelí y tomaron 2 prisioneros. Como de costumbre, la reacción del estado hebreo fue lanzar un ataque de gran envergadura contra la infraestructura de las instituciones libanesas, termoeléctricas, puentes, carreteras, aeropuerto, puerto, entre otras, acompañada de una amenaza de ampliar aún más la agresión si no devuelven, sin condiciones, los soldados a Israel.
Otra vez los acontecimientos se asemejan en cuanto a contexto y significado.
Los héroes de la Resistencia Palestina en Cisjordania y Gaza y la libanesa en el sur del Líbano, afirman que, a pesar de las modestas y limitadas posibilidades que tienen en sus manos, son capaces de desprestigiar al ejército sionista, cuyos dirigentes políticos y militares hacen alarde de ser los más fuerte de la zona. Así, la operación de “La Ilusión Disipada”, las que antecedieron y la del sur del Líbano, confirman que el combate y la voluntad de la resistencia están primero y luego viene el equipamiento bélico.
Por ende, el éxito de irrumpir en una posición, controlarla y eliminar al enemigo o tomar prisioneros, se está convirtiendo en un modelo competitivo entre todos los brazos militares para ser utilizado en batallas desequilibradas. A pesar de esa desigualdad, los combatientes transforman esas valientes acciones en leyendas.
Ante estas heroicas acciones, el enemigo israelí pierde el control de sus nervios y repite sus frustradas experiencias, desata sus actos criminales en un intento de castigar a los pueblos palestino y libanés, atacando primero las instituciones civiles.
Entonces, ante su fracaso frente a los guerrilleros libaneses y palestinos, su maquinaria bélica militar convierte a los civiles en blancos fáciles, dando el protagonismo a sus cañones de larga distancia y a sus aviones, como si intentara evitar que su infantería cargara con el peso de la confrontación. Los acontecimientos de la agresión en Gaza y en el sur del Líbano evidenciaron que el ejército ocupante evita involucrar sus fuerzas terrestres en los combates directos, se refugia en los brazos largos (cañones y aviones militares) para combatir de lejos. Pero este tipo de agresión como en el caso de Gaza y el sur del Líbano corroboró su fracaso en cambiar el contexto del combate.
Es cierto que la destrucción de la infraestructura es dolorosa para los civiles y daña sus intereses, pero no es menos cierto que este tipo de acciones no logran ocultar el odio y el rencor de la agresión israelí.
Las experiencias nos confirman que cada vez que se desenmascara el odio y el rencor del enemigo, se incrementa la decisión del pueblo palestino y libanés a desafiar y resistir la agresión, pues la historia de ambos países está llena de ejemplos contundentes en ese terreno.
Tanto en Palestina como en el Líbano, Israel intenta ver a la gente como descerebrada cuando exige la devolución de sus soldados prisioneros a cambio de nada y sin condiciones. Como si los soldados no hubieran sido capturados en combates, o como si hubieran estado perdidos en zonas palestinas y libanesas mientras paseaban sin armas y arrestados por casualidad.
Tanto en Palestina como en el Líbano, Israel busca huir del costo de la confrontación, se auto otorga el derecho de bombardear, destruir, asesinar, arrestar y secuestrar, pero a cambio rechaza el precio que debe pagar y los resultados derivados de la salvaje agresión contra los dos pueblos.
Lo curioso de todo esto es que Israel, mientras desprecia el pensamiento de la gente y pide recuperar sus soldados a cambio de nada, está consciente de que esa posición no tiene sentido alguno y que las manecillas del reloj no giran hacia atrás.
La comunidad internacional también tiene que tomar lecciones, sabiendo que su experiencia, suficientemente rica, en litigios entre pueblos y estados, no necesita nuestro consejo, pero lamentablemente su posición tomada respecto al prisionero israelí en Gaza fue incorrecta y parcializada.
No es lógico, ni a nivel de relaciones entre pueblos, naciones y estados, ni a nivel humanitario, que esa comunidad haga mucho ruido cuando cae un prisionero israelí en manos de la Resistencia Palestina y ni se inmute con la existencia de más de 9 mil prisioneros palestinos, que sufren a diario la tortura fascista en las cárceles de la ocupación.
La captura de los soldados israelíes en el sur del Líbano le reafirma, una vez más, a la comunidad internacional que su intervención para solucionar rápidamente las cuestiones parciales (prisioneros israelíes) y dilatar la solución de las grandes cuestiones (el derecho del pueblo palestino y la ocupación de los territorios árabes), no resuelve el problema.
Es posible que caigan otros soldados israelíes prisioneros y esto supone que la comunidad internacional no debe convertirse en mediador parcializado e inhumano, llamando a los palestinos y a los libaneses a abandonar sus derechos de obligar al enemigo a intercambiar prisioneros. El deber de la comunidad internacional, no es correr inconscientemente para liberar a los soldados sionistas capturados, sino trabajar para liberar a la tierra árabe y sus pueblos del yugo de la ocupación. Así se arregla el asunto y se recupera la confianza árabe, especialmente palestina y libanesa, en la legalidad internacional y sus resoluciones.
En este mismo contexto, la situación oficial árabe debe auto convencerse que existen dos focos de estallido en la zona, primero Cisjordania y la Franja de Gaza y segundo, el sur del Líbano, que son causados por la ocupación israelí y su agresión y que la resistencia no es más que una reacción natural de los dos pueblos.
La hermandad y el humanismo entre los árabes, debe conducir a sus gobiernos a abandonar el papel de mediador entre el enemigo y los hermanos. Es hora de tomar una posición árabe coherente con las consignas, discursos y declaraciones, emitidas por el rey, príncipe o presidente, luego de cada reunión de su gobierno. El movimiento popular también debe recuperar el tiempo de oro que imperaba en la zona árabe en los comienzos de la Intifada de la Independencia, cuando los palestinos contaban con su fuerte respaldo.
Ese es el camino para impulsar a que el régimen árabe oficial tome posiciones correctas comenzando con la retirada de los embajadores árabes de Tel Aviv y con el cierre de las misiones y representaciones israelíes en más de una capital árabe, llegando a reconsiderar el boicot a Israel, en virtud de lo que fue aprobado en las cumbres de El Cairo, Beirut y Amman.
Finalmente, cabe señalar que los palestinos deben seguir el camino que una la resistencia armada con el trabajo político, diplomático, informativo y de masas, de acuerdo a lo contraído en el “Documento de la Coincidencia Nacional”. De esta manera la victoria se acerca, se reduce el sacrificio y disminuye el sufrimiento.
*Periodista palestino