Las tribulaciones por sus fracasos y errores políticos; además de los asuntos de él y de su equipo de gobierno pendientes con la justicia, no le han permitido al primer ministro, Ehud Olmert, conducir con sosiego y éxito la celebración del aniversario 59 de la constitución del Estado de Israel, surgido de la usurpación de la tierra de Palestina.
A la ola de descrédito por deshonestidad y manejos turbios en su gestión política, se acaba de sumar la renuncia temporal del ministro de Hacienda, Abraham Hirchisón, acusado de corrupción y malversación de fondos, mientras que el de Asuntos Estratégicos, Aviador Lieberman, ha sido interrogado por la financiación irregular de la campaña electoral que condujo a Olmert al premierato.
El jefe del gobierno israelí está bajo la investigación del Fiscal General, Menajen Mazus, por sospechas de manipulaciones y prebendas financieras en el proceso de privatización del Banco Lumi, el mayor de Tel Aviv.
Olmert enfrenta también la posibilidad de otro proceso judicial incoado por el auditor del estado, Micha Lindenstraus, por acusaciones de arreglos en forma ilícita de oportunidades de inversión para sus amigos, durante su desempeño como ministro de Industria y Comercio, en el Gabinete de Ariel Sharon.
Las imputaciones a Olmert, también líder del Partido Kadima, fueron acompañadas del arresto domiciliario de la directora de su oficina, Sula Saken, y del director de la Agencia Tributaria, Jaxky Matza, porque ofrecían ventajas impositivas y puestos de trabajo, y se les responsabiliza del encarcelamiento de más de 20 funcionarios fiscales y empresarios.
El vasto clima de deterioro moral ha ensombrecido aún más las celebraciones oficiales por el proceso penal que involucra al presidente del país, Moshe Katzav, acusado de violación, asalto sexual y fraude.
Todos estos escandalosos sucesos tienen lugar en vísperas de la presentación del resultado de las investigaciones de la denominada Comisión Oficial Vinagrad, acerca de la actuación de Olmert y de su ministro de Defensa, Amir Péretz, por la ineficaz conducción de la guerra en el sur del Líbano, la decisión de iniciarla, la incapacidad de liquidar la resistencia del Movimiento de Resistencia Islámica Hezbollah y de rescatar a los soldados israelíes capturados.
La onda expansiva del estallido de la crisis política por el fracaso de la agresión al País de los Cedros, cercenó entre sus primeras figuras al jefe del Estado Mayor del Ejército, teniente general Dan Halutz.
En la vertiente palestina, Olmert no se ha apartado del programa de violencia, represión y asentamiento de colonos judíos en los territorios ocupados de Cisjordania y Gaza, legado por su mentor y predecesor Ariel Sharon, lo cual ha sido una constante de todos los gobiernos israelíes en los últimos 59 años, sin haber favorecido un acuerdo de paz justo y permanente al cruento conflicto.
Según los últimos sondeos de opinión ciudadana, Olmert solo alcanza el 2% de aprobación en su gestión, el peor índice cosechado por un jefe de gobierno en la historia de Israel.
Consciente del deterioro de su imagen como gobernante, el mandatario se ha visto obligado a reconocer públicamente que es, de hecho, un primer ministro impopular.
Las encuestas indican que la amplia mayoría de los israelíes creen que Olmert dirigió mal la guerra contra el Líbano y evidenció su incapacidad para detener el bombardeo con cohetes de Hezbollah en el propio Israel, lo que deterioró a grados extremos su imagen ante los ojos de sus ciudadanos y los de su principal aliado, Estados Unidos.
¿Podrá entonces sobrevivir políticamente en medio de tan adversas circunstancias?
Fuente: www.laestrellapalestina.org