Salvo su común ideología ultraderechista, los altos dirigentes del Estado de Israel no se caracterizan precisamente por su integridad moral, honestidad y decoro personal.
En los últimos años prominentes líderes y funcionarios sionistas han sido objeto de procesos fiscales por corrupción, malversación, latrocinio, tráfico de influencias y abusos sexuales, que los obligaron a renunciar a sus altos cargos en el gobierno.
Ahora, el furibundo halcón y ministro de Relaciones Exteriores israelí, Avigdor Lieberman, integra la relación de los miembros de ese “selecto club” de timadores, al que ingresó por añejas denuncias policiales de sus notorias fechorías.
Tras un proceso de investigación penal de más de diez años la policía israelí ha recomendado su enjuiciamiento, pues asegura tener numerosas pruebas capaces de demostrar que el jefe de la diplomacia israelí es responsable de fraude, soborno, lavado de dinero, acoso a testigos y obstrucción a la justicia.
La decisión sobre presentar o no cargos formales contra Lieberman queda ahora en manos del fiscal general, Menahem Mazuz, quien deberá pronunciarse al respecto en las próximas semanas.
La evidencia clave contra el Ministro procede de una "fuente política" que halló pruebas de que durante su paso por los ministerios de Transporte, Infraestructuras y Asuntos Estratégicos, Lieberman pudo haber defraudado cerca de 2 millones 640 mil dólares, suma "lavada” posteriormente a través de compañías fantasmas como las de su hija.
En el caso de ser enjuiciado, el controvertido Canciller de 51 años de edad, nacido en la ex república soviética de Moldavia, ha amenazado con presentar su renuncia.
Lieberman, es jefe del partido ultranacionalista Israel Beiteinu, (Israel es nuestro Hogar) el tercero de mayor peso en el Knesset (Parlamento), que cuenta con 15 diputados de un total de 120.
Acérrimo opositor a los acuerdos de la Conferencia de Anápolis, a la constitución de un estado palestino independiente y al desmantelamiento de las colonias sionistas en los territorios árabes,
El controvertido dirigente es conocido por sus posturas políticas contra el mundo árabe y por sus ataques contra las minorías israelí –árabes en el Estado hebreo.
Los más cercanos antecesores de Avigdor en la lista de connotados truhanes, fueron el ex primer ministro de Israel y líder del Partido Kadima, Ehud Olmer, acusado de dolo y corrupción a raíz del testimonio prestado ante los jueces por el empresario estadounidense Morris Moshe Talansky, quien afirmó que durante 15 años entregó 150 mil dólares al premier israelí en pago por servicios de tráfico de influencias y otros favores políticos.
Mucho antes de ocupar el cargo de jefe de Gobierno, Olmert se vio acosado por imputaciones de fraudes y turbias manipulaciones de fondos públicos y de haber nombrado a socios políticos en cargos estatales cuando era ministro de Comercio e Industria entre 2003-2005.
Con anterioridad, cuando era ministro de Finanzas, el Premier fue denunciado de haber favorecido a un amigo en el proceso de privatización del Banco Lumi, el segundo más importante de Israel.
Entre las evidencias en su contra se cita el caso de su secretaria y colaboradora durante 30 años, Shula Zaken, la cual fue puesta bajo arresto domiciliario en enero del año 2007, por haber usado su cargo para obtener beneficios fiscales.
A la ola de descrédito por deshonestidad y manejos turbios en la gestión política de Olmert, se sumó la renuncia del ministro de Hacienda, Abraham Hirchisón, por casos de corrupción y malversación de fondos, y las imputaciones hechas al director de la Agencia Tributaria, Jaxky Matza, de ofrecer ventajas impositivas y puestos de trabajo mediante prebendas.
El vasto clima de deterioro moral en el seno de la alta dirección del país se agudizó durante el proceso penal que obligó al entonces presidente del país, Moshe Katzav, a renunciar en enero del 2007 por estar involucrado en actos de violación, asalto sexual y fraude.
En esta banda de forajidos, el neofascista Lieberman ocupa un merecido sitial, aunque sus delitos puedan quedar impunes.