Sin haberse cumplido ninguno de los compromisos adoptados en la Conferencia Internacional para la Paz, celebrada en la ciudad norteamericana de Annapolis, para una solución negociada al cruento conflicto israelo-palestino, dos de sus principales protagonistas, el presidente George W. Bush, y el premier sionista, Ehud Olmert, abandonan sus puestos cargando con el estrepitoso fracaso de sus respectivas gestiones de gobierno.
Un año después de que ambos fijaran como plazo el 2008 para la firma de un acuerdo de paz y la constitución de un Estado palestino, la Franja de Gaza continúa siendo una plaza sitiada por Israel por aire, mar y tierra; y en Cisjordania se expanden las colonias judías y el ignominioso muro segregacionista.
Gaza, un árido territorio de 350 kilómetros cuadrados, donde habitan un millón 500 mil palestinos, se encuentra al borde de una crisis humanitaria a causa de las severas restricciones de agua, energía eléctrica, alimentos, medicinas, combustibles y controles de tránsito, que a manera de castigo colectivo les impone el Estado sionista, a la vez que impide la llegada de la ayuda internacional.
Datos aportados por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y el Programa Comunitario de Salud Mental en Gaza (GCMH) indican que el 50% de su población infantil sufre de desnutrición, el 70% de anemia y el incremento de diarrea supera el 150%, mientras el 41% de todos los niños y niñas palestinas padecen síntomas de estrés postraumático, motivado por las acciones de guerra y las condiciones de vida impuesta por los agresores.
En Cisjordania crecen los ilegales asentamientos de colonos a pesar de las promesas del régimen de Tel Aviv de detener su construcción, y la muralla separatista de ocho metros de altura y 750 kilómetros cuadrados de largo, divide el territorio ocupado e impide a la población palestina la libre circulación y el acceso a sus tierras de cultivo y fuentes de suministros de agua.
La represión sionista y las agresiones de colonos judíos a la población civil autóctona, se hacen sentir también en esa porción del territorio palestino, y se han agudizado en la ciudad de Hebrón.
Los incumplidos compromisos de Annapolis se suman a los de la Conferencia de Madrid, en 1991 y a los subsiguientes de Camp David, Oslo, Wye Plantation, Shar Al Sheij, que en su tiempo crearon también grandes expectativas sobre la solución definitiva de uno de los más graves y extensos conflictos del Oriente Medio.
Israel, con el apoyo y el veto de Estados Unidos, continúa ignorando las resoluciones del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, que demandan su retirada incondicional de los territorios árabes ocupados y amparan el derecho al retorno de los millones de refugiados expulsados de sus viviendas y lugares de origen mediante el terror y la represión sionista.
Estimados del Centro de Información Nacional Palestino indican que desde que el estallido de la Intifada de Al Aqsa, en septiembre de 2000, el ejército israelí ha asesinado a más de 6 mil hombres, mujeres y niños palestinos, herido a 55 mil y arrestado a más de 15 mil.
La caída del gobierno de Ehud Olmert, acusado de corrupción, latrocinio y tráfico de influencias en beneficio personal y la imposibilidad de Tzipi Livni, presidenta del gobernante Partido Kadima, en conformar un nuevo Gabinete, aceleraron la crisis interna israelí y la convocatoria a elecciones legislativas anticipadas para el próximo 10 de febrero.
Las encuestas sobre estos comicios dan una gran ventaja al derechista Benjamín Natanyahu, líder del opositor Partido Likud, cuyos halcones se niegan al desmantelamiento de las colonias judías y a la constitución de un Estado palestino en las fronteras existentes en junio de 1967, antes de la guerra de agresión de Israel, que proclama a Jerusalén como su capital, única, eterna e indivisible.
La Conferencia de Annapolis pertenece ya al pasado y la solución del conflicto en el 2009 permanece en la incertidumbre, lo que reafirma la determinación del pueblo palestino de continuar su heroica lucha hasta la conquista de sus inalienables derechos.