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La paz israelí, un proyecto colonial para Palestina
Por: Juan Dufflar Amel *
2 de agosto del 2008

 

El anuncio de la construcción de nuevas colonias judías en Maskyot, Cisjordania, es otro escarnio a las negociaciones de paz entre Israel y la Autoridad Nacional Palestina, y el mayor mentís al compromiso asumido por el premier sionista, Ehud Olmert, en noviembre del 2007, de paralizar la expansión de estos ilegales asentamientos en los territorios árabes ocupados.

Desde 1948 la voracidad geopolítica de Tel Aviv no reconoce límites. No sólo ha sembrado el terror, la desolación y la muerte entre la población civil palestina sino que ha cambiado la geografía y demografía de sus históricos lugares de origen, mediante guerras de rapiña y la usurpación de territorios que no le fueron concedidos por la infausta Resolución 181 de Naciones Unidas.

La construcción y expansión de estos asentamientos de colonos judíos, que Israel también se comprometió a paralizar en el 2003, al aceptar el plan de paz de la denominada Hoja de Ruta, es uno de los principales obstáculos a la solución del conflicto del Oriente Medio, y a la constitución de un Estado palestino independiente, que la fracasada Conferencia de Annápolis del pasado año tampoco logró materializar.

A pesar del controvertido diálogo con la ANP, las autoridades israelíes aprobaron en los últimos meses la construcción de edificaciones en Jerusalén Este -densamente poblada por palestinos- y en colonias próximas a la urbe, a la vez que levantaban mil 800 nuevas casas en el asentamiento de Har Homá y en Pisgat Zeev, dos barrios ubicados en territorio de Cisjordania, y próximos a la internacionalizada ciudad de Jerusalén, la cual Tel Aviv reclama “como capital única, eterna e indivisible de su Estado”.

El carácter expansionista, colonialista y racista de Israel se evidenció aún antes de su fundación en mayo de 1948, pues desde finales del siglo XIX estaba explícito en los conceptos geófagos de los ideólogos y fundadores del sionismo mundial.

La Resolución 181 de la Asamblea General de Naciones Unidas, del 29 de noviembre de l947, que determinó la arbitraria e injusta partición de Palestina en dos Estados, uno árabe y otro judío, concedió a Israel 14 mil 942 kilómetros cuadrados, el 56.47 % del total de los 25 mil 532 kilómetros cuadrados de las tierras árabes, que representaban el 94.33 % de la superficie palestina, en la que se asentaban un millón 380 mil ciudadanos de origen árabe y 500 mil judíos.

Veinte años después, tras la Guerra de los Seis Días lanzada por Israel en 1967 con el apoyo militar de Estados Unidos, el Estado sionista expandió sus fronteras. La totalidad de todos los territorios árabes ocupados entonces superó los 60 mil kilómetros cuadrados, o sea, cuatro veces más de la superficie que le fuera concedida por la Resolución 181.

En la actualidad cerca de 210 asentamientos ilegales, integrados por 470 mil colonos judíos, se expanden como lava volcánica por toda Cisjordania y constituyen un permanente foco de conflicto y enfrentamientos con población autóctona palestina.

Represor criminal de las airadas manifestaciones de protestas palestinas y sordo al reclamo mundial, el gobierno sionista continúa erigiendo el muro del apartheid de 10 metros de alto y 273 kilómetros de extensión iniciado en el 2022, que divide a Cisjordania, y que fue declarado ilegal hace cuatro años por el Tribunal Internacional de Justicia de La Haya.

Desde los fallidos Acuerdos adoptados en la Conferencia de Paz para el Oriente Medio, celebrada en Madrid en 1991, que estableció el principio de “tierra por paz”, y pasando por los de Camp David, Oslo, Wye Plantataion, Sharm Al-Sheikh y Annápolis, larga, infructuosa y frustrante ha sido la ruta de las negociaciones palestinas con Israel.

Con la protección del gobierno de Estados Unidos y la inefectividad del Consejo de Seguridad de la ONU, paralizado por el injustificable veto norteamericano, Israel continúa perpetrando impunemente el exterminio genocida del pueblo palestino y la colonización de sus territorios.

Es la manera en que el sionismo concibe realizar su secular sueño de construir el “Gran Israel”, desde el Éufrates hasta el Nilo.

* Periodista cubano

 
 
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