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Los pueblos dicen sí al Estado palestino
Por: Juan Dufflar Amel
19 de diciembre del 2010

 

El reconocimiento del Estado de Palestina con sus fronteras de 1967 y Jerusalén Oriental como su capital, acordado por las Repúblicas de Uruguay, Brasil y Argentina, respectivamente, es un serio revés para la aviesa política israelo-norteamericana en el Oriente Medio.

La solidaria decisión se produce en medio de la frustración por el estancamiento del proceso de paz y posterior fracaso de las conversaciones directas iniciadas el pasado 2 de septiembre entre Israel y la Autoridad Nacional Palestina bajo el ahora retirado patrocinio y mediación de la Casa Blanca.

Sin tomar en cuenta que ninguno de esos gobiernos se rige por los dictados de Washington o Tel Aviv, las airadas respuestas de ambas capitales ante la soberana determinación de los tres prominentes países integrantes de la Alianza Bolivariana para los Pueblos (ALBA) no se hicieron esperar.

Con impar cinismo el Estado sionista manifestó su decepción por el reconocimiento, alegando que socava los esfuerzos encabezados por Estados Unidos para crear dicho Estado mediante negociaciones con Israel.

Lo cierto es que apenas a tres semanas de comenzadas las conversaciones directas Israel rechazó las demandas estadounidenses y palestinas y se negó a extender una moratoria a la ilegal construcción de viviendas en los asentamientos de colonos judíos en Cisjordania y Jerusalén Oriental.

Estos territorios, además de la Franja de Gaza, deben constituir el futuro Estado palestino, como lo exigen el pueblo árabe y sus dirigentes desde el inicio de la partición de Palestina mediante la Resolución 181 de la Asamblea General de Naciones Unidas, que creó el Estado expansionista de Israel en noviembre de l947.

El reconocimiento de Uruguay, Argentina y Brasil, se unen a los más de un centenar de otros país que han adoptado igual actitud y representa un gran aporte a la restitución de los inalienables derechos de ese heroico, sacrificado y sufrido pueblo, cuyo suelo permanece ocupado y colonizado por el Estado de Israel; a la solución negociada de este cruento conflicto y al logro de una paz justa, global y permanente en el Oriente Medio, tan requerida y demandada por los pueblos de la región y la comunidad internacional.

Al fracaso de relanzado proceso de paz en septiembre contribuyeron también las recientes leyes, sancionadas por el Parlamento israelí (Knesset), que exigen a los árabes palestinos residentes en su territorio jurar fidelidad al Estado sionista y la de aprobar mediante referéndum la eventual retirada de Jerusalén Oriental y del Golán sirio.

A pesar de sus múltiples promesas de aceptar la solución de dos Estados y de emplear su influencia con el gobierno sionista para una solución pacífica al cruento conflicto, Estados Unidos, acaba de proclamar que no existen las condiciones para entablar negociaciones exitosas entre Israel y la ANP, y que se desatiende de sus anteriores gestiones, todas favorables a su más fiel aliado y gendarme en la región.

Son los pueblos amantes de la paz, la legalidad y la justicia los que respaldan la constitución del Estado palestino independiente y soberano, derecho reconocido en la propia Resolución 181 de las Naciones Unidas.

Porque, además, Palestina no es solo un Estado, es una nación con un espacio geográfico y fronteras determinadas, con un lenguaje árabe, una historia, una identidad cultural y nacional común y el sentimiento de solidaridad que une a los palestinos en su deseo de vivir unidos.

Y no habrá fuerza capaz de impedir para siempre que los derechos por los que luchan contra el ocupante israelí se hagan realidad más temprano que tarde.

 
 
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