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Los Refugiados, la UNRWA y el Derecho al Retorno
Por: Moatasem Hamadeh
30 de octubre 2018

Cuando se firmaron los Acuerdos de Oslo, la inminente amenaza al derecho de los refugiados a retornar a sus casas y sus propiedades se hizo evidente, particularmente cuando la documentación de las negociaciones sobre el tema fue remitido al negociador para una solución permanente, sin mencionar adónde se dirigía tal negociación, y especialmente cuando Shimon Peres lanzó su conocido proyecto para “una solución justa acordada entre las partes”, adoptado por la llamada “iniciativa árabe” en Beirut (2002) para remarcar la voluntad de los árabes de renunciar al derecho al retorno, a cambio de un Estado palestino, y normalizar las relaciones con Israel, que fue claramente reconocido sin ambigüedad alguna por el ex primer ministro jordano y primer embajador jordano en Israel, Dr. Marwan Muasher, en su libro “Dar Al-Nahar” en Beirut bajo el título “El método de la moderación”.

Los comités del derecho al retorno, los centros de investigación y diligentes periodistas de la prensa palestina mostraron notable interés en el tema de los refugiados y el derecho al retorno y de las negociaciones sobre el estatus final. Todo lo cual llevó a arrojar luz sobre el asunto, la centralidad de su posición en la causa nacional y el peligro de manipularlo, canjearlo, o fragmentarlo y al mismo tiempo afirmar que el derecho al retorno no solo es un derecho colectivo de los palestinos, es también un derecho individual y ningún negociador o funcionario tiene derecho a representar a sus propietarios; es un derecho, no una transacción, ni puede ser fragmentado, ni tener representante.

Se realizaron conferencias sobre los refugiados en Cisjordania, Jerusalén, los campamentos de la diáspora y en Europa, todos los cuales unánimemente se negaron a manipular el tema de los refugiados, confirmando que el derecho es a retornar a las casas y propiedades de las que los refugiados tuvieron que huir desde 1948. Sin embargo, el negociador palestino continúa caminando el camino de las concesiones, diciendo que la Resolución 194 garantiza la “compensación”, sin referirse al derecho a retornar, y hablando del retorno a las “alas de la patria” en Cisjordania y la Franja de Gaza, como alternativa al retorno a los territorios ocupados desde 1948, y finalmente aceptando la alternativa del retorno de una cantidad de refugiados nacidos en Palestina, sin su descendencia, recibiendo una retribución durante diez años. Todo ello fue presentado como soluciones, que el negociador aceptó, incluso en relación a la Resolución 194, que el presidente Mahmud Abbas está siempre dispuesto a vincularla a la iniciativa árabe, la cual eliminó cualquier referencia al derecho al retorno y llamó a implementar el proyecto de Peres, "una solución justa acordada entre ambas partes", es decir, que Israel tiene derecho a vetar el "derecho al retorno".

Ahora, esto ya no es un asunto de análisis, probabilidades y advertencias, se presentan proyectos aquí y allá como conejillos de Indias y como un intento de tantear el pulso. El tema está en la agenda, pero en dirección negativa, para cancelar el derecho al retorno; se benefician de ello los cabecillas de este proyecto, como se manifiesta en la posición oficial palestina y la Iniciativa Árabe de Paz.

Después que Trump tomara sus medidas para eliminar el derecho al retorno, el gobierno de Netanyahu allanó el camino para una serie de informes, elaborados en los más grandes centros israelíes, enfocados en dos ítems para borrar el derecho al retorno. El primero es la utilidad de la supervivencia de la UNRWA y considerarla como una de las razones de la complejidad del problema, lo cual requiere disolución o finalización de sus servicios; el segundo es cuestionar el estatus jurídico de los refugiados no nacidos en la Palestina anterior a 1948, lo cual reduce el problema de seis millones de refugiados al de menos de cuarenta mil.

De estos estudios e informes israelíes se ocuparon la dirigencia oficial palestina y el departamento de asuntos de los refugiados, y les dieron respuesta mediante declaraciones públicas que no encaran el tema, en el mejor de los casos, en lugar de reunir un equipo de especialistas para el seguimiento del tema a nivel internacional y contrarrestar las peligrosas medidas israelíes.

En sus medidas para implementar el "acuerdo del siglo", Trump adoptó el proyecto israelí. En el primer paso redujo la asistencia de su gobierno a la UNRWA, en el segundo paso dejó de financiarla por completo, pidiendo a sus aliados que siguieran su ejemplo. Pidió la redefinición del concepto de refugiado palestino para eliminar el estatus jurídico de millones de refugiados, lo cual lleva, también desde las puertas de EEUU, a poner fin al asunto y excluirlo de las negociaciones, con el pretexto de que no hay nada que negociar.

Es cierto que la comunidad internacional acudió al rescate de la UNRWA. Y que el Comisionado General reconoció que la situación financiera del organismo se ha convertido en lo normal. Pero también es cierto que la batalla de Estados Unidos e Israel contra el derecho al retorno y el resto de los derechos sociales y humanitarios de los refugiados no cesó ni cesará, y que la mente hostil de ambas partes continuará presentando proyectos dirigidos a liquidar la causa de los refugiados. Por eso es peligroso dormir en cualquier lugar sobre una almohada de seda y decir que se ha encontrado una manera de resolver una parte importante de la crisis financiera de la UNRWA. Es necesario un plan estratégico para tratar el tema de Jerusalén, Al-Aqsa y las áreas circundantes y el tema de los asentamientos coloniales y la amenaza que representan para el proyecto nacional.

Esto exige, primero, que la dirigencia oficial adopte una política clara, inequívoca y no falsa sobre el tema de los refugiados; para empezar, rechazar cualquier solución alternativa al derecho a retornar a sus hogares y propiedades. Y abandonar los discursos con los que intentan camuflar su disposición a canjear el derecho al retorno por el establecimiento de un Estado Palestino.

Exige también que el Comité Ejecutivo, la dirigencia oficial, la Autoridad Palestina y la comunidad nacional palestina formulen, en estrecha colaboración con el Movimiento de los Refugiados y las comunidades palestinas en todo el mundo, un plan para confrontar los intentos políticos, financieros y mediáticos para cancelar el tema.

Y ya que mencionamos a los medios oficiales palestinos... cuánto deseamos que los responsables de esos medios tomen nota que la legitimidad palestina no se encuentra dentro de los límites de la defensa del "liderazgo palestino encabezado por el presidente". Más bien la legitimidad comienza, en primer lugar y antes que nada, con la legitimidad de los derechos nacionales palestinos. Si esos derechos pierden legitimidad, no habrá legitimidad para ningún liderazgo, incluido el "liderazgo palestino encabezado por el presidente".

 
Notas:Moatasem Hamadeh es miembro del Buró Político del Frente Democrático para la Liberación de Palestina
 

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