La reciente misión emprendida por el ex presidente norteamericano, James Carter, en busca de una alternativa de solución diplomática al cruento conflicto israelo-palestino, como su antecesora, la Conferencia Internacional de Paz para el Oriente Medio, celebrada en Anápolis, en noviembre del 2007, culminó sin haber logrado ningún avance tangible o esperanzador.
Sin embargo, los esfuerzos realizados por el Premio Nóbel de la Paz 2002 durante su gira de nueve días por la región, levantaron duras críticas en Estados Unidos e Israel, cuyos gobiernos expresaron su oposición al empeño mediador del ex mandatario, severo crítico de la política de Washington y Tel Aviv en una zona tan convulsa.
La secretaria de Estado norteamericana, Condoleezza Rice, se apresuró a informar que EEUU le advirtió a Jimmy Carter que no se reuniera con Hamas, la facción palestina que controla la Franja de Gaza, considerada por la Casa Blanca “un grupo terrorista”.
Durante la visita realizada a Israel, significativamente Carter no fue recibido por el primer ministro Ehud Olmert, opuesto también a su encuentro en Siria con el líder de Hamas, Khaled Machaal.
En días recientes, el jefe del gobierno de Hamas en la Franja de Gaza, Ismaíl Haniye, condicionó una tregua con Israel al cese de las operaciones militares israelíes en Gaza y Cisjordania.
“La tregua, si es aceptada por la ocupación israelí, debe ser recíproca, simultánea y global, en Gaza y en Cisjordania y los mecanismos para su aplicación dependen del cese de la agresión, del levantamiento del bloqueo y de la apertura de puntos de paso en Gaza", afirmó Haniye.
Israel ha rechazó en varias ocasiones una tregua, argumentando que sus operaciones en Cisjordania impiden que los grupos armados palestinos efectúen ataques contra su territorio.
Cinco meses después del encuentro de Anápolis, auspiciado por Estados Unidos, la sostenida represión militar israelí contra la población civil palestina en la Franja de Gaza y Cisjordania muestra un saldo de más de 400 muertos, entre ellos un gran número de niños y adolescentes y de centenares de heridos y detenidos.
Lejos de congelar los ilegales asentamientos de colonos en los territorios ocupados, Israel los ha ampliado y continúa demoliendo cientos de hogares palestinos para su expansión, se propone construir centenares de nuevas viviendas en Cisjordania, donde residen 430 mil colonos israelíes, y prosigue la expansión del oprobioso Muro de segregación que separa a miles de palestinos, incluyendo a sus familiares.
Esta terca actitud del gobierno sionista es otro de los mayores obstáculos al proceso de paz y las negociaciones israelo-palestinas iniciadas en Anápolis y las convierte, al decir de los observadores políticos, en “una broma irrelevante”.
En una de sus últimas acciones represivas y de presión contra la Franja de Gaza, Israel ha suspendido el suministro regular de combustible a ese territorio, en el que habitan un millón 500 mil palestinos, que se verán imposibilitados también de recibir asistencia básica o ayuda alimenticia de los organismos especializados de Naciones Unidas.
Israel es el único abastecedor de combustible a la franja de Gaza, suministro que quedó interrumpido después de que el pasado 9 de abril milicianos palestinos atacaran el paso de Nahal Oz.
La situación económica y humanitaria en la franja de Gaza se ha visto agravada después de que Israel iniciara un férreo bloqueo a este territorio palestino, tras la toma de poder por parte del Hamas.
Y aunque el presidente George W. Bush ha proclamado a “bombo y platillo” la constitución de un Estado palestino independiente antes de que termine su mandato en el 2008, Israel tampoco toma en serio sus alegaciones.
En primer término porque Tel Aviv se niega a que se constituya en las fronteras anteriores al 4 de junio de 1967, ocupadas por el ejército israelí durante la Guerra de los Seis Días, que han reducido los territorios palestinos a un 22 % de su superficie inicial, y en los cuales pretende perpetuarse mediante el exterminio de su población civil.