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Otra farsa de paz sionista
Por: Juan Dufflar Amel
16 de diciembre del 2010

 

La paternidad del fracaso de las conversaciones directas entre el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu y el presidente de la Autoridad Nacional Palestina, Mahmoud Abbas, reiniciadas en la Casa Blanca el pasado 2 de septiembre, sólo es atribuible a las posiciones asumidas por Washington y Tel Aviv.

La manifiesta debilidad e incapacidad del gobierno norteamericano en lograr de las autoridades sionistas la suspensión de los ilegales asentamientos de colonos judíos en Cisjordania y Jerusalén Oriental, unida a la reticencia y total falta de voluntad política de Israel de lograr una solución de paz al cruento conflicto con los palestinos condujeron estas conversaciones al estancamiento apenas dos meses después de iniciadas.

A pesar de sus reiteradas promesas EE.UU. no logró obtener de Israel una nueva moratoria sobre la colonización en los territorios ocupados y ha declarado desistir de tal propósito, lo que Tel Aviv ha considerado como un triunfo diplomático.

La decisión del Premier sionista de no prolongar en octubre la moratoria en la construcción de los asentamientos, exigida por los partidos que integran la coalición de su ultraderechista gobierno, grata a sus propias apetencias expansionistas, más su renuncia a aceptar los pedidos de Estados Unidos de extender esa medida, precipitaron una crisis en las negaciones, que finalmente dio al traste con el relanzado proceso.

A partir de entonces los colonos judíos se lanzaron precipitadamente a la construcción de cientos de nuevas viviendas, caminos y obras estructurales civiles de diversa índole, aprobadas por Netanyahu, que originaron violentos enfrentamientos con los ciudadanos palestinos expulsados de sus lugares de residencias.

Complemento de estas medidas de fuerza son las leyes recién aprobadas por el Parlamento sionista (Knesset), e impulsadas por el Premier hebreo, de exigir juramento de fidelidad a los árabes residentes en Israel desde su constitución en 1948, y la de consultar mediante referéndum el eventual retiro israelí de los territorios árabes ocupados y anexados, las cuales representan un escarnio al derecho internacional.

La aplicación de estas normativas altera fundamentalmente la posibilidad de las negociaciones concretas de paz sobre las Alturas del Golán y Jerusalén Este, arrebatados en 1967 a Siria y a Palestina y la de la constitución de un Estado Palestino independiente.

La Unión Europea ha tomado distancia de la determinación norteamericana. Un informe de los jefes de misión de los países de la UE Jerusalén han advertido que la política de Israel de no dividir y de colonizar la Ciudad Santa pone gravemente en peligro las posibilidades de una solución al conflicto israelo-palestino.

La continuidad del estado de sitio y los permanentes ataques del ejército sionista a la Franja de Gaza, confirman también que Israel y Estados Unidos no tienen en su agenda la paz en el Oriente Medio.

 
 
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