El moderado optimismo y las expectativas generadas por la primera cumbre entre el Presidente de la Autoridad Nacional Palestina (ANP), Mahmoud Abbas, y el Primer Ministro de Israel, Ariel Sharon, celebrada el pasado mes de febrero en el balneario egipcio de Sharm Al-Sheikh, para relanzar el proceso de paz en el cruento conflicto árabe-israelí, se frustraron durante su segundo encuentro, efectuado esta semana en la ciudad santa de Jerusalén.
Signada por un tenso clima de violaciones del cese el fuego; las incursiones y la represión del ejército israelí en los territorios ocupados de Gaza y Cisjordania, y las acciones armadas de la Intifada palestina, la reunión -en criterio del primer ministro de la ANP, Ahmad Qurei-, “careció de resultados concretos”, mientras otras fuentes la han calificado como un fracaso.
La agresiva retórica y la prepotencia del premier sionista, exigiendo a Abbas “el cese de los actos de terrorismo contra Israel y el desarme de los grupos radicales palestinos” antes de la retirada de las tropas hebreas de la Franja de Gaza y Cisjordania, condujeron de nuevo a “un retorno a casa con las manos vacías”.
El arresto la víspera de medio centenar de activistas de la Yihad Islámica y la amenaza israelí de que esa organización volverá a ser blanco de sus tropas, enrarecieron aún más las tensas negociaciones de una cumbre que no cumplió las previstas perspectivas de paz y estabilidad en el Oriente Medio.
Según participantes palestinos que guardaron el anonimato, Sharon increpó duramente al presidente de la ANP por los recientes ataques de la resistencia, a las que el ejército israelí reaccionó con arrestos masivos y asesinatos selectivos de sus dirigentes.
De un interlocutor válido para Israel tras la muerte del líder Yasser Arafat, Abbas devino centro de las acerbas críticas de Sharon, ante lo que el ultraderechista premier consideró “insuficientes esfuerzos de la ANP en lucha antiterrorista” y por la insistencia de las reivindicaciones demandadas por su presidente en el encuentro.
Según la misma fuente, Abbas afirmó que ha hecho todo para preservar la tregua, pero que no tiene mandato de pueblo palestino para desarmar a los movimientos de la resistencia, como lo exige Israel.
El hecho más evidente de esta fallida segunda cumbre es que el denominado Mapa de Ruta, auspiciado desde hace dos años por Estados Unidos, Rusia, la Unión Europea y Naciones Unidas, no ha podido ser implementado y las negociaciones para llevarlo a feliz término navegan en un mar de contradicciones e incertidumbres, sin llegar a puerto seguro.
Un obstáculo hasta ahora infranqueable, es el plan de exclusión unilateral de Sharon, el cual propugna la evacuación de 21 asentamientos y ocho mil colonos en la Franja de Gaza y de sólo cuatro de los 120 en Cisjordania, preservando la ocupación de gran parte de esta última con la presencia de 280 mil colonos, protegidos por el ejército y un muro de separación de 600 kilómetros.
Algo inviable para los palestinos, que reclaman la aplicación de las Resoluciones 242 y 338 y 194 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas; su derechos a un Estado independiente, con Jerusalén este como capital; la libertad de sus presos políticos, el retorno de los millones de refugiados y la demolición del ilegal e ignominioso muro del apartheid, erigido por Israel.
A pesar de la crítica situación prevaleciente entre Israel y Palestina, las perspectivas inmediatas de concluir un acuerdo de paz que satisfaga a ambas partes no parecen ser muy esperanzadoras o inmediatas.
Mientras, la intransigencia de Tel Aviv y sus apetencias anexionistas calienta más aún el clima de violencia, tensiones y peligros, que no lograron mitigar las dos cumbres que han tenido lugar al borde de un abismo.
Fuente: Trabajadores Digital, Cuba.