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¿Qué hay de los errores de 1993 en adelante?
Por: Moatasem Hamadeh
25 de enero 2018
 

En su largo discurso ante el Consejo Central palestino, el 14 de enero de 2018, que podría haber sido abreviado, para ganar tiempo, sin afectar su significado y su mensaje, el presidente del Comité Ejecutivo, Mahmud Abbas, dijo: "no repetiremos los errores del pasado". Se refería claramente a "los errores de 1948" y "los errores de 1967", pero lamentablemente ignoró los errores de 1993 en adelante, de los que hasta ahora seguimos cosechando sus frutos venenosos.

Nosotros, como pueblo palestino, y como fuerzas políticas activas en sus filas, hemos superado estos errores reconstruyendo la identidad y la entidad nacional palestina y lanzando la revolución palestina contemporánea en sus variadas formas, mediante la resistencia armada, popular, política, diplomática, cultural y otras. Armamos esta revolución con un programa político revolucionario que llevó de vuelta la causa nacional palestina a niveles internacionales por la puerta del reconocimiento, por parte de Naciones Unidas, de la OLP como único y legítimo representante del pueblo de Palestina, y el reconocimiento del derecho de nuestro pueblo a la autodeterminación y al establecimiento de un Estado palestino independiente y soberano con su capital, Jerusalén Este, en las fronteras anteriores al 4 de junio de 1967, y el derecho a los refugiados al retorno a sus casas y sus propiedades, de las que fueron expulsados desde 1948, en virtud de la resolución 194.

Bajo la bandera de este programa, se emprendió la Gran Intifada Nacional, y el Consejo Nacional emitió el 15 de noviembre de 1988 la Declaración de la Independencia, para afirmar que el objetivo de nuestra marcha nacional es el establecimiento de un Estado palestino independiente.

Pero ocurrió después que la dirigencia influyente, que se consagró a sí misma como alternativa a la dirigencia coalicionada de la OLP, mediante su cocina política, dio un golpe contra: el programa nacional, la declaración de la independencia, el levantamiento popular y la voluntad popular, y fue, unilateralmente y a espaldas de todos, a los desastrosos Acuerdos de Oslo. Con estos Acuerdos, comenzó el trágico trayecto de sufrimiento del pueblo palestino, bajo la ocupación en Jerusalén, Cisjordania, Gaza, la diáspora y los campamentos del exilio y también en los territorios de 1948.

Día tras día, la falsedad de las promesas hechas por estos Acuerdos y la validez de las advertencias emitidas por los partidos palestinos nacionales y democráticos, sobre los riesgos de este derrape, quedaron al descubierto. Hasta que llegamos a la apuesta por el "acuerdo del siglo", según el idioma de la dirigencia palestina oficial, que le dio la bienvenida y lo respaldó, alegando que nos traería la solución.

Entonces, quedó al descubierto, tal como lo advirtieran las fuerzas nacionales y democráticas, que este acuerdo es a expensas del pueblo de Palestina y sus legítimos derechos nacionales, ya que su inicio fue el reconocimiento de Jerusalén como capital de Israel, su final será la cancelación de la entidad palestina y la solución final será según los criterios y condiciones israelíes, solamente.

Antes de la Nakba, la dirigencia tradicional palestina se dio cuenta de los peligros de la Declaración de Balfour y del Mandato británico. También se dio cuenta de la gravedad del rol británico en la construcción de los cimientos de la entidad sionista en Palestina, pero no se desvinculó de Gran Bretaña, siguió interesada en tender puentes de relaciones con el Mandato, para preservar sus privilegios de clase, a expensas de los intereses del pueblo; granjeros y agricultores de la campiña palestina, cuya tierra y agua eran el objetivo directo de las invasiones sionistas, y los obreros de las ciudades palestinas, con quienes competía por su fuente de sustento la mano de obra judía, rápidamente organizada en la Histadrut israelí para perpetrar ataques contra los intereses nacionales palestinos, hasta la "Nakba del siglo", en 1948, cuando la patria palestina fue desintegrada.

La actual dirigencia oficial palestina sabe muy bien del rol de Estados Unidos en respaldar a Israel y proporcionarle todos los requisitos de excelencia en la región, y es conciente del rol de Estados Unidos, siempre sesgado hacia el lado israelí, en la planificación de escenarios para la solución de conflictos. Tal vez la experiencia del fallecido Yasser Arafat en Camp David (el 2 de julio de 2000) fue la culminación del intento fallido de apostar al rol estadounidense, sin embargo, continuó hasta el final, yendo detrás del rol estadounidense y apostando al "patrocinador" estadounidense y su habilidad para presionar a Israel y la firme creencia de que el 99%, e incluso el 100%, de las cartas para la solución y la presión están en manos de Washington.

Entonces, llegó "la bofetada de los tiempos" directo a la cara de la dirigencia oficial palestina (el propio presidente del Comité Ejecutivo lo admitió), para terminar con la ilusión de las "negociaciones para la solución permanente" y la apuesta a estas negociaciones, y para confirmar definitivamente que todo lo estaba ocurriendo en virtud del marco de Oslo era preparar la situación sobre el terreno para llegar a este punto, ya sea por medio de la colonización, la judaización, la destrucción de la economía palestina, la fusión con la economía israelí, o convirtiendo a la Autoridad Palestina en un lastre dependiente de la compensación israelí y de los fondos de los donantes en condiciones y con restricciones muy complicadas.

Antes de la Nakba, la dirigencia nacional tradicional estaba dispuesta a adherirse a la resistencia "pacífica", como huelgas, manifestaciones, emisión de declaraciones, y otras. Fue cuidadosa de no ser arrastrada a la violencia, ni con la ocupación británica ni con la invasión sionista, incluso cuando Izz Id-Din Al-Qassam cayó mártir, esta dirigencia estuvo ausente en el funeral (tal vez por miedo a las masas y ciertamente, cargando la responsabilidad sobre la ocupación británica) y detuvo su protesta a los límites de una "larga huelga" y no se comprometió con la revolución armada que estalló en 1936.

Entonces, las bandas armadas sionistas engrosaron sus formaciones militares y su armamento, al tiempo que dejaban indefensas aldeas, pueblos y ciudades palestinas, así que cuando la situación explotó, el pueblo palestino se encontró frente a un ejército sionista con formaciones regulares y armamentos, incluidos aviones de guerra, tanques y vehículos blindados.

Por lo tanto, era de esperar que derrotaran a la resistencia palestina, dispersa por el campo y las ciudades, por falta de organización y estrategias, bajo la influencia de una dirigencia que trazó los límites del movimiento popular, para que no sobrepase los intereses, de facciones y clases, de los líderes tradicionales. Entonces, ocurrió la Nakba.

La experiencia de la resistencia pacífica se repite, y el problema no es que nos avergoncemos o no de esta resistencia. Esta es una falsedad discutible. ¡¿Quién de nosotros se avergüenza si los jóvenes lanzan sus piedras contra la ocupación, o incluso si ondean la bandera de Palestina?!

Vergonzoso es que renunciemos a la resistencia armada, que la consideremos como terrorismo y que declaremos arrepentimiento y que afirmemos que estamos contra y que resistiremos el terrorismo, para mostrar que los servicios de seguridad de la Autoridad Palestina no resisten contra el "terrorismo organizado" de la ocupación, sino que cooperan con él persiguiendo jóvenes activistas y militantes y activistas de las facciones de la resistencia, citándolos a centros de interrogatorios o encarcelándolos.

El resultado de esta "cooperación", llamada "coordinación", dañó la estructura de la resistencia en Cisjordania, la restringió, limitó sus capacidades y socavó su crecimiento.

• No vamos a hablar de los asentamientos que crecieron al amparo de Oslo.

• No vamos a hablar de la política extremista de arrestos y asesinatos masivos.

• No vamos a hablar de la política de judaización de Jerusalén, la destrucción de sus instituciones y la sobrecarga de la infraestructura urbana por la presencia palestina.

• No vamos a hablar de la división política que afectó las relaciones entre el pueblo de los territorios de 1948 y el pueblo que quedó fuera de él.

• No vamos a hablar del debilitamiento del derecho al retorno y las muestras de predisposición para abandonarlo.

• No vamos a hablar de la marginación de la OLP y sus instituciones, y la marginación del pueblo palestinos "del exterior", que son más de cinco millones.

• No vamos a hablar del tiempo perdido, la vida desperdiciada y la sangre derramada a la sombra de políticas inútiles y absurdas.

Más bien estamos hablando de una política de "inutilidad e irracionalidad" que, hasta ahora, ha sido reacia a reconocer su responsabilidad por los desastres del último cuarto de siglo para la causa nacional.

¿La dirigencia oficial aprendió verdaderamente las lecciones de la Nakba de 1948?

¿De verdad aprendió las lecciones del retroceso de 1967?

¿De verdad piensan eso?

 
Notas:Moatasem Hamadeh es miembro del Buró Político del Frente Democrático para la Liberación de Palestina
 
Fuente: dflp-palestine.net
Traducción (al inglés): Manal Mansour y Rasha Abo Allan
Revisión: Ibrahim Motlaq
 

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