En conferencia de prensa celebrada el día 26 de julio, el premier británico Anthony Blair atacó fuertemente el pensamiento islámico extremista y criticó severamente las acciones suicidas, para expresar seguidamente que las nuevas leyes que su gobierno pretende promulgar en los próximos meses prohibirán la instigación a ese tipo de acciones y será terminantemente prohibido el empleo de términos como el martirologio o la inmolación.
Lo que llamó la atención con fuerza en esa rueda de prensa es que Blair quería evitar cualquier tipo de vinculación entre las explosiones en Londres y los acontecimientos de Iraq, a pesar de la convicción de las dos terceras partes del pueblo británico, especialmente la mayoría de los escritores y políticos, incluyendo ex miembros de su gabinete, como Robin Cook, ex canciller, y Clair Short, ex ministra de desarrollo internacional.
Tal arrogancia no favorece a Gran Bretaña, sino que puede servir como elemento de provocación a los extremistas que no quieren paz y estabilidad, sino terror y violencia en los medios de transporte público y en el sistema ferroviario de la capital británica.
Blair denunció las acciones suicidas en Palestina, Iraq y Londres, tal como dejó claro en su conferencia, y exigió su inmediato cese porque no tiene justificación alguna, ni siquiera en el caso de Palestina. Tiene razón al decirlo, pero a cambio no ofreció ninguna solución política al fenómeno.
Los palestinos recurren a las acciones suicidas o al martirologio, no importa la nomenclatura, porque no tienen las armas que les permitan enfrentar a su enemigo que posee los tanques, los mísiles y casi doscientas ojivas nucleares. Cuando la correlación de fuerzas sufre un fuerte descalabro en el campo de batalla, a la parte débil no le queda otra alternativa que convertirse en una bomba humana.
Hubiéramos deseado que Tony Blair mostrara un ápice de simpatía y solidaridad con los familiares de los que se inmolan, o que tratase de comprender las motivaciones que los impulsan a sacrificar lo más valioso: sus vidas.
Blair no se molestó en dirigir una sola palabra de crítica a la maquinaria israelí de muerte que segó miles de vidas de civiles inocentes y desarmados en Palestina, y se limito a decir que algunos tienen criterios diferentes o critican las políticas del gobierno israelí.
Las fuerzas israelíes emplearon los cohetes para asesinar a los inocentes y demoler las casas sobre las cabezas de sus moradores, destruyeron granjas y saquearon riquezas y lo hacen aún. No obstante solo las acciones suicidas son las que lo perturban y causan su ira. En otras palabras, el genocidio mediante el uso de los tanques, aviones y mísiles es una cuestión permitida y civilizada, mientras las bombas humanas son un acto de barbarie.
El premier británico dijo que las acciones suicidas en palestina son totalmente injustificadas porque existe una alternativa: la Hoja de Ruta. Y preguntamos a Blair de lo que ha hecho durante los últimos años para llevar ese plan a la práctica o en que resultó cualquier resolución del Consejo de Seguridad. No hemos oído a Blair pronunciar una sola palabra respecto al Muro de Segregación Racial que erige Israel sobre el suelo palestino y es condenado por la Corte Internacional de Justicia, el abogado que debe enfrentarse a toda violación de la Ley Internacional .
Blair hablaba de manera chovinista y parcializada en defensa de los castigos colectivos y vallas de separación, mientras no merecieron la mención en ese contexto las ilegales colonias y las violaciones de los derechos de un pueblo desarmado, cuyo suelo patrio fue brindado en bandeja de plata a otros en uno de los peores momentos de la historia de injusticias históricas y humanitarias.