Tras la renuncia del primer ministro de Israel, Ehud Olmert, la prensa occidental, anticipada y sensacionalista, comienza a proyectar la imagen de su sucesora, la Canciller Tzipi Livni, presidenta del Partido Kadima, en el poder, como la segunda “dama de hierro”, calificativo aplicado antes a Golda Meir, quien gobernó al país de l969 a 1974.
Obligado a renunciar a su cargo de premier y a la presidencia del Partido, bajo acusaciones de corrupción, soborno, tráfico de influencias, graves errores en la conducción del gobierno sionista y la perdida guerra contra el Líbano, Olmert tuvo que trasladar el batón a su más encarnizada rival política.
¿Quién es Tzipi Livni?
Abogada de 50 años y ex agente de los servicios secretos de Israel, el Mossad, la jefa de la diplomacia israelí, que dio sus primeros pasos afiliada a la derecha nacionalista, pasó en apenas diez años del anonimato a los primeros planos de la vida política de Israel, en la cual es considera como “una carismática y popular personalidad”.
Su meteórica carrera política, iniciada cuando en 1999 ingresó en el Parlamento (Knesset), la realizó de las manos de su mentor y protector, Ariel Sharon, ex primer ministro y entonces líder del Likud y fundador, en el 2005, del derechista partido Kadima, en cuyo gobierno Livni ocupó varias carteras ministeriales. Cuando Sharon abandonó las filas del Likud para fundar el nuevo partido Kadima, Livni, junto con Olmert, fue una de las primeras en acompañarlo.
Convertida tiempo después en acerba critica del gobierno de Olmert y su adversaria política, la Canciller demandó su dimisión a raíz del descalabro sufrido por Israel durante su guerra de agresión contra el Líbano.
Encargada por el presidente de Israel, Shimón Perez, de formar un nuevo gobierno en un término de 42 días, Livni enfrenta una ardua y difícil tarea debido a las circunstancias en que la asume.
Ganadora por muy estrecho margen de las elecciones primarias del Partido Kadima, fue recientemente designada presidenta de la mayor organización política del Parlamento (29 bancas de un total de 120), por lo que tendrá que concertar alianzas con otros partidos de la coalición.
Hasta el presente Benjamín Netanyahu, líder del opositor Likud, cuya popularidad crece y es uno de los más fuertes candidatos para ocupar el cargo de Olmert, se niega a acompañarla en el gobierno, mientras el laborista Ehud Barak, ministro de Defensa, mide los réditos que esta alianza le pueda proporcionar y el ulraortodoxo Shass, con 12 escaños en el Parlamento, demanda determinadas ventajas políticas para integrar la coalición, de la que está necesitada la líder del Kadima para ser investida.
Con un halo de austeridad, popularidad, dinamismo y pragmatismo, Livni, amiga personal de Condoleezza Rice, cuenta con el visto bueno y el respaldo de Washington, pero también con numerosos detractores dentro de su propio partido, que la tildan de falta de experiencia política y de aptitudes en el campo de la seguridad nacional, por lo que su camino a recorrer hasta la jefatura del gobierno no esta exento de grandes escollos.
De obtenerla, tendrá que enfrentar la tarea titánica de restaurar la maltrecha imagen de dolo y corrupción dejada atrás por el truhán Olmert, consolidar la resentida economía del estado sionista, pacificar al país y lograr un acuerdo de paz justa, honorable y permanente del cruento conflicto israelo-palestino, algo que nadie ha logrado hasta el presente.
No obstante haber asegurado dar continuidad a las negociaciones y a los compromisos mutuos con la Autoridad Nacional Palestina, surgidos de la Conferencia de Annapolis, en noviembre del 2007, el acuerdo de paz y la constitución de un Estado palestino independiente, proclamados por George W. Bush y Ehud Olmert, como metas antes de culminar el año 2008, se desvanecieron.
Priman ahora la incertidumbre, la desconfianza y el escepticismo de los palestinos y de más pueblos árabes y la idea de que Livni resulte más de lo mismo.