Declaración

 
¿Después de Annápolis, qué?
 

Los gobiernos árabes deben presionar a la Administración Norteamericana para que ésta, obligue a Israel a comprometerse nuevamente con las resoluciones de la Legalidad Internacional.

Una posición árabe para transformar la reunión de Annápolis en una Conferencia Internacional bajo los auspicios de la ONU.

Poner en práctica las prioridades de la Iniciativa Árabe de Paz.

Un vocero del Frente Democrático para la Liberación de Palestina, declaró:

Annápolis, es un paso diplomático que se produce tras años de menoscabar e ignorar las resoluciones de la Legalidad Internacional y la verdadera situación palestina bajo ocupación, también por la agudización de la crisis norteamericana en toda la región.

Durante siete años, la Administración Norteamericana ignoró premeditadamente, pese a la realidad material, histórica y espiritual, la esencia del conflicto regional, la lucha árabe-sionista y la causa Palestina. La posición de la Administración Bush siempre estuvo basada en poner la fuerza por encima de los principios de la paz y de la Legalidad Internacional; para desembocar irremediablemente en el estrepitoso fracaso y el desenfrenado genocidio contra la población en Palestina, Iraq y Líbano, y el dramático sufrimiento y agonía bajo la ocupación, en medio de las sucesivas crisis y consiguientes fracasos.

En las negociaciones se planteó una demanda sin precedentes al exigir que los palestinos reconozcan que Israel “es un Estado del pueblo judío”, con todo lo que abarca ese concepto y término de ostracismo “racial” e ideológico. Excluyente y peligroso trasfondo que pone a los árabes que viven en Israel (un millón doscientos mil), bajo el calificativo de carga demográfica y por ende, sujeta a las amenazas de “transfer” y discriminación racial. Intento del gobierno sionista de salirle al paso al derecho de los refugiados palestinos de regresar a sus hogares y Patria, conforme a lo establecido por la Resolución Internacional 194.

La experiencia histórica, vista y vivida hasta el momento, ha corroborado enfáticamente que la fuerza no es un factor decisivo y hoy en día el Mundo entero es testigo de las graves consecuencias que acarrea el empleo de la misma como único medio para solucionar los conflictos.

Para que no quede Annápolis registrado en las efemérides como una celebración más en las agendas norteamericanas para el Medio Oriente y para que el gobierno de Olmert no tenga la oportunidad de dilatar el tiempo a costa de soluciones y arreglos desequilibrados, tal como ocurrió en la Conferencia de Madrid en 1991 y con los parciales Acuerdos de Oslo de hace 16 años, los regímenes árabes deben aprovechar la oportunidad que se presenta. A través de la historia, la lógica ha demostrado que la voluntad árabe de alcanzar la paz no garantiza, en un corto período de tiempo, con claros y comprometedores mecanismos de seguimiento y ejecución y en todos los arreglos, una equitativa continuidad del proceso político

La situación requiere llevar Annápolis hacia una conferencia bajo los auspicios de la ONU y de la Legalidad Internacional y que los árabes aprovechen las posiciones de Rusia, China, Europa, los países de la región y de los No Alineados que apoyan sus derechos, en aras de mejorar su posición, lograr sus derechos y evitar pérdidas adicionales que ponen en jaque a su destino común. Para ello es imprescindible retornar a la posición árabe común, a la seguridad árabe unificada, a la defensa de sus reinvendicaciones nacionales, mediante una iniciativa política colectiva y las prioridades de la Iniciativa Árabe de Paz. También la retirada sionista a las fronteras del 4 de junio de 1967, la creación del Estado Palestino Independiente con su capital Jerusalén y el retorno de los refugiados palestinos, bajo el amparo de la Resolución Internacional 194.

Oficina Central de Información del
Frente Democrático para la
Liberación de Palestina
28 de noviembre del 2007

 
 
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