Entrevista

 
Nayef Hawatmeh,Secretario General del Frente Democrático para la Liberación de Palestina (FDLP), ofreció en exclusiva para Tricontinental sus valoraciones sobre la Revolución Cubana y otros temas de interés internacional
 
Junto a la causa palestina
 

La Revolución Cubana es un eslabón fundamental para la cadena del movimiento revolucionario mundial en aras de lograr la victoria de los movimientos de liberación nacional, de las fuerzas progresistas y del socialismo.

Ese proceso estratégico tiene como objetivo mantener, y aún mantiene, la combinación entre la Revolución Industrial, la Revolución Científica y Tecnológica y la justicia social, puesto que los países capitalistas desarrollados han logrado las tres revoluciones: la primera y segunda Revolución Industrial y la Revolución Científica y Tecnológica (informática), y lo han logrado con el sacrificio de la clase obrera, de los humildes, tanto de sus propios países como de los países del Tercer Mundo. Estos últimos, después de la II Guerra Mundial, se han levantado en aras de lograr no solo la Revolución Industrial sino también la justicia social.

Desde la II Guerra Mundial hasta la caída del campo socialista se ha producido una lucha frontal entre los movimientos de liberación nacional, las fuerzas progresistas amantes de la paz en los países capitalistas, de un lado, y el campo de los países capitalistas desarrollados con las fuerzas imperialistas reaccionarias y fascistas, del otro.

En ese contexto surgió la Revolución Cubana, que significó el triunfo del pueblo contra la dictadura de la burguesía reaccionaria. La Revolución Cubana desde el principio tuvo un definido carácter patriótico, democrático y progresista, con algunas señales de proyección socialista. Desde el triunfo adoptó una política firme, consecuente, antimperialista y contra las fuerzas fascistas de América Latina, y tempranamente definió su carácter socialista, con la declaración del año 1961. De ahí surge la necesidad del pueblo cubano de cumplir con las tareas de la revolución y demostrar su solidaridad internacionalista hacia los pueblos del Tercer Mundo.

Desde aquellos momentos la Revolución Cubana fue mirada con respeto y obtuvo la solidaridad de todas las fuerzas progresistas amantes de la paz. Esto consolidó sus posiciones patrióticas dentro de Cuba y en el contexto de la lucha internacionalista en pro de lograr la victoria de las fuerzas de liberación en América Latina, África, Asia y cumplir con todas las tareas de la revolución nacional democrática que ya se había logrado en Europa y EE.UU. desde hacía 200 años.

Las fuerzas contrarrevolucionarias en el eje imperialista, colonialista, reaccionario comenzaron a librar su contraofensiva en los diferentes países del mundo, aplicaron políticas de bloqueo, sanciones contra la ex Unión Soviética, China y los países socialistas y, además, desataron una carrera armamentista, hasta el extremo de concebir la Guerra de las Galaxias para lograr el desgaste de las potencialidades de los países socialistas, a fin de impedir que estos pudieran pasar de la primera a la segunda Revolución Industrial.

Estos países pudieron resistir la política imperialista y fueron víctimas de una nueva etapa de la carrera armamentista extremadamente cara que, igualmente, afectó sus planes económicos y sociales y provocó una crisis económica que no les permitió alcanzar la segunda etapa de la Revolución Industrial, y luego quedaron rezagados con respecto a la tercera Revolución Industrial, es decir, de la informática.

La situación de crisis interna de los países socialistas trajo como consecuencia nuevos problemas, atraso tecnológico, se dividieron y dejaron de ser competitivos económica e industrialmente ante la superioridad del capitalismo a nivel internacional. Por tal razón, los pueblos de esa región perdieron la justicia social que se había logrado durante la construcción del socialismo.

La evolución de todos estos acontecimientos negativos trajo consecuencias negativas para Cuba, para los movimientos de liberación nacional del Tercer Mundo y para las fuerzas progresistas y a favor de la paz en el mundo. Cuba se encontró ante una nueva etapa, sin un campo socialista que la pudiera respaldar, sin las grandes alianzas frente al imperialismo y las fuerzas reaccionarias locales e internacionales. En tales condiciones, la Revolución Cubana se vio forzada a resistir y continuó sus esfuerzos para solucionar una amplia gama de problemas, después que perdió el apoyo financiero y militar de los países socialistas. Tuvo que atravesar una etapa relativamente larga llamada Periodo Especial en que para enfrentar todos los sufrimientos que provocó al interior del país esta situación en lo económico, en la industria, a nivel tecnológico, en la agricultura, tuvo que trabajar duro por preservar un mínimo de garantías sociales. En primer lugar, la educación masiva, los servicios gratuitos de la salud y el intento de vencer paulatinamente las dificultades en la alimentación, los medicamentos, la ropa y el calzado necesarios para las personas.

La revolución pudo enfrentarse a cada nueva dificultad, y aunque el Periodo Especial todavía afecta al país, las mayores dificultades ya han sido superadas. No obstante, el partido y el gobierno cubanos aún trabajan para vencer esta situación.

La Revolución Cubana pudo resistir gracias al apoyo popular, enfrentándose con éxito a las dificultades económicas y sociales, y así se crearon las condiciones para asumir un nuevo reto del Periodo Especial, denominado la Batalla de Ideas. Ahora la revolución crea las condiciones para ir desarrollando la industria, la economía; se ofrecen garantías sociales de manera estable y con mayores perspectivas para el futuro.

La ciencia y el conocimiento se han ido desarrollando en Cuba vertiginosamente en esta etapa, se trabaja en pos del desarrollo científico-tecnológico. Los centros científicos están puestos al servicio de la búsqueda de soluciones con vistas a lograr un avance de la economía del país, con la utilización de las ventajas de la informática. Todo esto propicia el acceso a una vida digna, libre e independiente para el pueblo cubano, y su bienestar desde el punto de vista de la educación, la alimentación, la vivienda, los medicamentos y otras garantías sociales.

Es imposible lograr el desarrollo, el incremento de la producción sin la Revolución Industrial, sin los avances tecnológicos y de computación actuales. Son imprescindibles también para eliminar la pobreza. Cuba puede apropiarse de estos avances y superar sus deficiencias económicas, dejar de ser un país importador de productos básicos y cubrir sus necesidades esenciales.

Las jóvenes generaciones de cubanos no conocen los sufrimientos de las generaciones anteriores al triunfo revolucionario, y no les interesa mucho el pasado. Ese pasado para ellas quedó atrás. Esta generación mira hacia el futuro y espera contar con una Cuba industrializada, desarrollada, científica, con cierto nivel de bienestar social.

Existe una parte de la juventud que sigue diariamente lo que ve en la pequeña pantalla, el modo de vida consumista de las clases ricas de los países capitalistas desarrollados, de EE.UU., Europa, Japón y otros. Es por eso que estos jóvenes se plantean la interrogante de las diferencias entre el socialismo y el capitalismo.

Cuba debe lograr ese desarrollo industrial y tecnológico para que el pueblo pueda disfrutar de ese bienestar económico, cultural y espiritual y pueda conciliar ese bienestar con la justicia social que no puede lograr el capitalismo.

Ahí está el ejemplo de la ex Unión Soviética y los países del campo socialista, donde las jóvenes generaciones comenzaron a hacer comparaciones entre su nivel de vida y el de las clases medias y altas de los países capitalistas desarrollados, y fue ahí donde perdieron la brújula que los guiaba hacia el socialismo. Ellos no conocieron los sufrimientos ni los horrores de la II Guerra Mundial, la victoria de los ex soviéticos frente a los fascistas, no conocieron la hambruna que padeció el pueblo en la Rusia zarista, y comenzaron a cuestionarse la idoneidad del socialismo y la viabilidad de seguir marchando por esa vía.

Cuando la dirección soviética no pudo solucionar estos problemas, se desmoronó la institución del Estado, el partido, los sindicatos, y no encontraron quien defendiera la patria soviética en las filas de la clase obrera, de los intelectuales, del Ejército Rojo, y lo mismo ocurrió en el resto de los países socialistas.

Así cayó el socialismo y esos países fueron escenario de un retroceso, hasta que el capitalismo salvaje volvió a ganar terreno, y ahora se expresa en una oligarquía de las grandes mafias que ejercen su dominio y encuentran un apoyo en el capitalismo internacional y el imperialismo norteamericano.

Hace algunos días las autoridades rusas enjuiciaron a un vicepresidente de una de las más grandes compañías de petróleo del país. Las mafias imperialistas comenzaron a defenderlo –EE.UU. entre ellas– y amenazaron con aplicar sanciones a Rusia, e incluso dejar de invertir en Rusia. Este es un ejemplo del hegemonismo capitalista actual.

La Revolución Cubana desde sus comienzos trabajó incesantemente en la distribución equitativa de la riqueza, en solucionar los fundamentales problemas de la sociedad y a favor de la mayoría abrumadora del pueblo. Su apoyo permanente a las causas justas, su posición firme al lado de las luchas de los pueblos la han convertido en un motivo de inspiración para el Tercer Mundo, para los movimientos de liberación nacional.

La Revolución Cubana envió alrededor de medio millón de combatientes internacionalistas a África, Asia, América Latina, y un grupo numeroso de maestros, médicos a los países árabes y combatientes que lucharon en el Golán sirio frente a la agresión extranjera. Lucharon también los cubanos en la Revolución Argelina. Cuba ha prestado su ayuda internacionalista en el campo de la salud, de la educación, la ciencia y el deporte a una gran cantidad de países del Tercer Mundo.

Asimismo, la Revolución Cubana ha apoyado la causa del pueblo palestino, su derecho a la libertad, para expulsar a los ocupantes de su país y garantizar la autodeterminación, el establecimiento del Estado palestino independiente, con Jerusalén como su capital, el regreso de los refugiados a sus casas, y otras disposiciones de la ONU con respecto a la causa palestina y al conflicto árabe-israelí, por una paz equilibrada en el Medio Oriente.

En estos cuarenta y cinco años, Cuba ha defendido los derechos del pueblo palestino en todos los foros internacionales, en todas las tribunas, en todas las reuniones de la ONU. Ha brindado diversas facilidades para la formación de cuadros palestinos, su instrucción universitaria y ha propiciado su preparación cultural en diferentes universidades y otros centros de enseñanza cubanos.

Cuba sigue manteniendo su posición revolucionaria junto al pueblo palestino, apoyando su derecho a luchar contra la ocupación y la colonización expansionista en su territorio. Sigue apoyando el justo reclamo de que se cumplan las resoluciones que establecen el regreso de los refugiados a su patria y que se logre la paz entre el Estado de Palestina y el Estado de Israel.

El pueblo palestino siente un profundo amor por el pueblo cubano.

 
 
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