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Héroes de Palestina en las cárceles de la ocupación israelí: Samer Al-Issawi
26 de diciembre 2016
 
 

El caso de Samer Al-Issawi es sólo uno, entre cientos de miles...

A lo largo de historia de lucha del pueblo palestino contra la ocupación foránea, el encarcelamiento fue utilizado por las sucesivas potencias ocupantes para castigar la resistencia.

Mucho antes de 1948, la ocupación británica encarceló a más de 5.000 palestinos, además de asesinar y deportar o perseguir a muchos otros, entre ellos un abuelo de Samer fue condenado a muerte, aunque logró escapar horas antes de la ejecución.

En 1948 los sionistas (después de expulsar a casi 900.000 palestinos, destruir más de 500 aldeas y ciudades, perpetrar más de 70 masacres y ocupar gran parte del territorio palestino para fundar el Estado de Israel) instalaron al menos 22 campos de concentración y trabajos forzados donde esclavizaron alrededor de 9.000 civiles palestinos, entre ellos ancianos y niños, que secuestraron de sus aldeas, después de despojarlos de sus bienes. Sostuvieron esos campos hasta que en 1955 los desmantelaron y deportaron a los países árabes vecinos a los prisioneros que sobrevivieron a los maltratos y torturas.

19 años después, en 1967, cuando ocuparon lo que quedaba de Palestina (Gaza, Cisjordania y Jerusalén Este) los sionistas comenzaron a encarcelar a los palestinos en forma sistemática, como política de represión y castigo colectivo, y en ciertos períodos, especialmente durante las Intifadas, a gran escala.

A esta política se debe que el pueblo palestino tenga la mayor cantidad de prisioneros políticos a nivel mundial. Alrededor de 1.000.000 de ellos pasaron por las cárceles de la ocupación desde 1967.

No sólo los combatientes son encarcelados desde entonces, sino civiles de todos los sectores de la sociedad palestina: jóvenes, adultos, niños y ancianos, hombres y mujeres, sanos, enfermos y discapacitados, campesinos, obreros, comerciantes, artistas y profesionales, estudiantes y docentes, abogados y activistas por los DDHH, diputados y ministros, dirigentes políticos y sindicales... No hay una sola familia palestina que no tenga o haya tenido al menos uno de sus miembros en cautiverio una o más veces. Muchísimas tienen más de uno, como es el caso de la familia Al-Issawi.

Y no sólo los palestinos que viven en los territorios ocupados son sometidos a cautiverio, también cientos de palestinos exiliados fueron secuestrados por el ejército israelí durante su ocupación a Líbano (1978-2000). Muchos de ellos están aún desaparecidos.

En la actualidad, hay más de 7.000 prisioneros políticos palestinos, incluidos niños y mujeres, repartidos en 22 prisiones y centros de detención e interrogatorios, además de la prisión secreta 1391, también llamada “el Guantánamo de Israel”.

En los últimos 5 años, la ocupación secuestró y encarceló un promedio de 1.200 niños por año.

Los niños, las mujeres, los ancianos y los enfermos son también sometidos a torturas. Hubo mujeres que han dado a luz en las cárceles de la ocupación en condiciones inhumanas y sus bebés han sido igualmente maltratados.

Más de 200 palestinos han sido asesinados dentro de las cárceles israelíes por medio de la tortura, la desatención médica o directamente asesinados a sangre fría. Cientos de ellos han sido asesinados después de ser liberados, mediante bombardeos o atentados. Y muchos han muerto poco después de ser liberados, a causa de enfermedades contraídas durante el cautiverio.

Hay actualmente 1.800 prisioneros palestinos que padecen diversas enfermedades, muchas de ellas contraídas en prisión por las inhumanas condiciones y la larga lista de maltratos. Ninguno de ellos recibe jamás la atención médica debida en el momento debido. Los enfermos también son sometidos a ensayos de nuevas drogas que sistemáticamente empeoran su estado de salud, cuando no los infectan directamente con virus, generados en laboratorios, para producirles graves enfermedades.

Los palestinos son generalmente secuestrados violentamente, muy a menudo en mitad de la noche, interrogados con métodos violentos, encarcelados en condiciones inhumanas, sometidos a muchos tipos de tortura física y psíquica, juzgados en la mayoría de los casos en tribunales militares y jamás cuentan con la garantía de juicio justo.

En muchísimos casos, sus familiares son también acosados, secuestrados, y torturados, y sus casas saqueadas y/o demolidas.

Y aún después de muertos, en cientos de casos, los cuerpos de los prisioneros son retenidos en los llamados “cementerios numéricos”, privando al mártir de una tumba digna y a su familia de una ceremonia de despedida. Y en muchos casos, también comercian los órganos que roban de los cuerpos de los mártires.

Todos los palestinos encarcelados por Israel son prisioneros políticos. En todos los casos han sido encarcelados y condenados por resistir a la ocupación o bajo la suposición de haber realizado algún acto de resistencia. Lo cual no constituye delito en virtud del derecho internacional, que consagra el derecho de los pueblos bajo opresión foránea a la resistencia con todos los medios de que disponga, incluida la lucha armada.

Las cárceles israelíes son verdaderos campos de concentración, como los que instalaron los nazis y los dictadores latinoamericanos (que fueron armados por Israel e instruidos en la tortura por militares israelíes, entre otros).

Por su parte, los prisioneros palestinos han ido desarrollando formas de organización y resistencia, convirtiendo las cárceles de la ocupación en verdaderas escuelas de la revolución. Y han utilizado históricamente la huelga de hambre como medio para reclamar sus derechos.

Hubo muchas huelgas de hambre colectivas. Uno de los líderes históricos de las primeras huelgas colectivas fue Omar Al-Qassem (dirigente del FDLP y mártir del Movimiento de los Prisioneros, sometido por sus carceleros a la desatención médica intencional), que entre 1968 y 1989 logró movilizar no sólo a los prisioneros, sino a toda la población y coordinar la lucha dentro y fuera de las prisiones.

En 2011, Khader Adnan, dirigente del Jihad Islámico, inició la modalidad de la huelga de hambre individual. Desde entonces, las huelgas de hambre de los prisioneros palestinos han llegado a conocimiento de la opinión pública internacional. Especialmente la huelga de Samer, la más larga de la historia.

Samer, hijo también del FDLP como varios de sus hermanos, tiene la virtud no sólo de una férrea voluntad de resistencia, sino también de un discurso político muy sólido. Su actitud combativa y su discurso combativo, claramente fundamentado, movilizaron a toda la sociedad palestina dentro y fuera de la patria, e incluso activistas de todas partes llevaron su palabra alrededor del planeta en varios idiomas.

Samer soportó no sólo los terribles dolores del hambre que carcomían su cuerpo, también soportó las torturas a las que fue sometido a causa de declarar su huelga. Su familia fue también cruelmente atormentada. Pero nadie retrocedió. Y el pueblo avanzó con ellos.

Durante su larguísima huelga de 280 días, Samer envió, cada vez que pudo, a través de su abogado, mensajes a su pueblo y al mundo. Los palestinos, movilizados a diario en la patria y el exilio, esperaban ansiosos sus mensajes. Los periódicos titulaban: “¿Qué dijo Samer hoy?”.

Dijo, por ejemplo:

“Respecto a la oferta de la ocupación israelí de deportarme a Gaza, afirmo que Gaza es parte inseparable de mi patria y su pueblo es mi pueblo. Y que iré a visitar Gaza cuando sea, cuando yo quiera o me dé la gana, ya que está dentro de mi patria, Palestina, por lo que tengo el derecho de recorrerla cuando quiera desde el extremo norte al extremo sur. Rechazo firmemente ser deportado a Gaza ya que esta práctica no hará más que traer amargos recuerdos del proceso de expulsión al que nuestro pueblo palestino fue sometido en 1948 y 1967.

Estamos luchando por la libertad de nuestra tierra y por el retorno de nuestros refugiados, en Palestina y en el exilio, no para agregar más deportados. Esta práctica sistemática con la que Israel pretende vaciar Palestina de palestinos y traer extranjeros para ocupar su lugar es un crimen en sí misma. Me niego a ser deportado a cualquier lugar y sólo acordaré ser liberado para ir a Jerusalén, pues la ocupación israelí está trabajando para vaciar Jerusalén de su pueblo y convertir a los árabes en un grupo minoritario de su población. El asunto de la deportación ya no es una decisión personal, es más bien un principio nacional. Si cada prisionero acepta bajo presión ser deportado fuera de Jerusalén, finalmente Jerusalén será vaciada de su pueblo.

Preferiría morir en mi cama de hospital a ser deportado de Jerusalén. [...] Recomiendo a todos los palestinos que abracen su tierra y sus pueblos y jamás sucumban a los deseos de la ocupación. Yo no considero este asunto como una causa personal. Es un asunto nacional, una convicción y un principio que cada palestino que ama el suelo sagrado de su patria debería defender”. (18 de marzo de 2013)

“En prisión, mis compañeros en huelga de hambre y yo, estamos peleando una batalla contra la ocupación que humilla a nuestra gente... estamos peleando una batalla por todos los palestinos contra la ocupación israelí y sus prisiones.

Extraigo mi fuerza de toda la gente libre del mundo que quiere terminar con la ocupación israelí. Los débiles latidos de mi corazón persisten gracias a esta solidaridad y apoyo; mi débil voz obtiene su fuerza de voces que son más fuertes y pueden penetrar los muros de la prisión.

No se preocupen si mi corazón se detiene. Permanezco vivo aún e incluso después de la muerte, porque Jerusalén corre por mis venas. Si muero, es una victoria; si somos liberados, es una victoria, porque de cualquier modo me niego a rendirme a la ocupación israelí, su tiranía y su arrogancia”
. (3 de marzo de 2013)

[En el video que compartimos arriba, ofrecemos un resumen de la lucha de Samer y su familia y de la legendaria huelga de hambre que lo convirtió en héroe nacional y personalidad internacional]

 

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