La primera fase del plan israelí llamado de desenganche, que contempla la evacuación de 21 asentamientos en la Franja de Gaza y 4 de 120 en Cisjordania, dio inicio a la 00.00 hora local palestina, del lunes 15 último.
El llamado “plan de desenganche” fue propuesto en el año 2003 por el Primer Ministro, Ariel Sharon y consiste en la evacuación no negociada de de la Franja de Gaza y de una retirada parcial de Cisjordania.
Este día de júbilo representa un hecho histórico para el pueblo palestino. Las escenas de algarabía también tuvieron lugar en el sur del Líbano y en Jordania donde se vieron ondear ciento de banderas palestinas.
Los palestinos afirman que la tierra es un miembro más de la familia, un padre amado al que se le echa de menos todos los días desde lo más profundo del corazón. Por eso no es de extrañar el gozo de este pueblo ante la recuperación de sus legítimas tierras, que fueron usurpadas durante la guerra de los seis días en el año 1967.
Pocos consideran que este plan, elaborado unilateralmente por el gobierno de Sharon, sea “una marcha hacia la libertad”, un “viaje para que nuestro pueblo establezca un país independiente con capital en Jerusalén”, según lo expresado por el Presidente de la Autoridad Nacional Palestina, Mahmoud Abbas, el pasado 12 de agosto, ante una muchedumbre.
Mientras tanto el escepticismo crece entre políticos y analistas, que consideran la retirada israelí como una “cortina de humo” que Tel-Aviv esta levantando ante la opinión internacional.
Otros temen una Gaza primero y una Gaza último, la entrega de un territorio pequeño a cambio de que Israel consolide su mandato permanente en Jerusalén y en Cisjordania.
El doloroso y largo regreso a la tierra, la fe y la esperanza puestas en un futuro próspero, debe ser la luz que permita ver con claridad que, los resultados son los que cuentan y no las intensiones.
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