La primera parte del plan para la retirada israelí de la Franja de Gaza concluyó el martes 23 de agosto después de ocho días de intenso ajetreo, en medio del beneplácito palestino y el descontento de algunos colonos.
En cumplimiento de la decisión unilateral del primer ministro de Israel, Ariel Sharon, las 21 colonias judías de Gaza y cuatro de 120 de Cisjordania, pusieron fin a 38 años de ocupación.
La desocupación, prevista inicialmente para un mes, transcurrió en apenas una semana sin graves incidentes.
Actualmente, la única presencia israelí en Gaza es militar, encargada entre otras cosas de verificar la demolición de todas las viviendas –proceso planificado para unos diez días-, y su retirada definitiva está prevista para septiembre entrante, tras lo cual la zona será devuelta por completo a sus legítimos dueños.
Para algunos sectores políticos palestinos, como el Frente Democrático para la Liberación de Palestina (FDLP), el Estado Hebreo intenta utilizar la retirada de Gaza para cubrir los planes colonialistas, el robo de la tierra y la judaización de Jerusalén, de acuerdo con una declaración emitida el pasado día 18 por la masacre cometida por un colono sionista, que causó la muerte de 4 ciudadanos palestinos en Cisjordania.
Otros opinan que lo que está haciendo Sharon es entregando Gaza con su mano izquierda y arrebatando Cisjordania y Jerusalén con la derecha.
No faltan algunos optimistas que aseguran que la retirada es el inicio del camino hacia un estado palestino independiente, “una Gaza primero, una Cisjordania después y un Jerusalén último”.
Por lo pronto, Israel mantiene temporalmente su control sobre los pasos terrestres y los espacios aéreo y marítimo de la Franja, al tiempo que exige el desarme total de los grupos de la Resistencia Palestina, reticentes a deponer las armas hasta tanto no se logre la plena soberanía sobre los territorios ocupados.
|