Tres días de duelo y un paro general decretó, en el día de la fecha, la Autoridad Nacional Palestina, en protesta por la muerte de 19 personas.
La nueva arremetida sionista que se inició horas después de que los delegados palestinos e israelíes concluyeran, su primera sesión negociadora, dejó como saldo 16 mártires de la resistencia palestina, 3 civiles, más de 50 heridos, algunos de ellos de gravedad y decenas de detenidos.
Al tiempo, de acuerdo a las advertencias hechas por el Primer Ministro israelí, Ehud Olmert, obreros y excavadoras comenzaban la construcción de 60 viviendas para judíos en Jerusalén Este, zona prevista como capital del futuro estado palestino.
El ataque del ejército ocupante, calificado por líderes nacionales como masacre, comenzó en el amanecer del martes, cuando las fuerzas terrestres acompañadas de tanques y helicópteros, irrumpieron en el barrio de Al-Zeitun, Franja de Gaza, disparando a mansalva contra la población.
Como clara muestra de la política de Tel-Aviv, la nueva matanza llevada a cabo contra los palestinos, fue descrita por los portavoces sionistas como una “operación de rutina”.