Los interrogadores retiran un aparato de by pass del cuerpo de un prisionero enfermo para forzarlo a confesar.
“Comenzaron a golpearme de un modo histérico y sin precedentes sobre todas las partes de mi cuerpo. Comencé a sangrar por un orificio en el pecho por donde me habían aplicado el by pass. Los soldados de la ocupación que vinieron a detenerme no tuvieron piedad por el gran sangramiento del pecho. Prosiguieron con sus golpes mientras me exigían confesar actos que no cometí”.
Con esas palabras comenzó el prisionero Riad Al-Amour a contar su historia. El detenido padecía del corazón antes de su arresto y había sido sometido a una operación quirúrgica para instalarle un by pass que le controla su cardiopatía.
Prisionero en la cárcel de Beer Sheva, en la sección de Eishel, el detenido narró al abogado Fawaz Al-Shaludi, del Club del Prisionero Palestino, las salvajes torturas sufridas a manos de los interrogadores durante su estancia en el penal.
Refirió que producto de los golpes, uno de los cables del aparato perforó su piel y quedó al descubierto fuera de su cuerpo. No obstante, los interrogadores siguieron golpeándolo en el lugar donde sobresalía el cable e incluso trataron de sacárselo manualmente. Todo eso ocurrió en el Centro de Detención de Etsion, el mismo día de su arresto.
“Llegué a vomitar sangre delante de los oficiales de la inteligencia y les conté lo que me pasó los primeros días de mi arresto y cuando llegué a la cárcel los oficiales se rehusaron a introducirme en el penal, por razones que desconozco pero que intuyo tenían que ver con mi deteriorado estado de salud”.
“Al llegar al Centro de interrogación de Askelon “Askalan” pensé que iba a recibir inmediata atención médica, pero me sorprendió la reanudación de los interrogatorios por cuatro horas sin recibir el más mínimo cuidado, a pesar de estar vomitando sangre constantemente. Sólo se me brindó un vaso de agua para enjuagarme la boca”.
Añadió con amargura que en las torturas tomaron parte todos los interrogadores (Tony, Carmel y Moshe) y que cada vez que querían presionarlo le halaban el cable del by pass que sobresalía de su cuerpo.
“Me ubicaron en una celda individual mientras sangraba y sólo me brindaron una pastilla de aspirina. Entonces rehusé contestarles hasta tanto me trasladaran a un hospital”. Sin embargo, los interrogadores exigieron como condición que reconociera actos que no había cometido.
Contó que luego de 12 días de interrogatorios y torturas perdió el conocimiento para despertarse en un hospital, atado de pies y manos a una cama. Se percató que había sido sometido a una operación quirúrgica que requirió de 18 puntos de sutura. Al cuarto día de estar hospitalizado fue trasladado nuevamente a la prisión de Askalan, a pesar de la insistente oposición de los médicos por la gravedad de su estado de salud.
El abogado Al-Shaludi contó que ahí padeció de fiebre muy fuerte y fue llevado nuevamente vomitando sangre hasta perder el habla. Fue trasladado a la clínica de la cárcel y de ahí al hospital Asaf Harofeh donde se le informó que tiene un virus en la sangre producto de la hemorragia interna.
El jurista afirmó que el interrogatorio siguió en el hospital, a pesar del delicado estado de salud del prisionero. Se le sometió a una operación quirúrgica donde se le instaló un nuevo aparato en lugar del anterior by pass. Trasladaron nuevamente al detenido pero esta vez al hospital de Al-Ramlah donde su salud empeoró otra vez. Más tarde lo llevaron al hospital Tel Hashomer donde le retiraron el nuevo equipo y lo conectaron a un aparato externo, dejando en claro que dentro de pocas semanas le suministrarían un nuevo aparato.
El letrado aclaró que, según el testimonio del detenido, se le iba a practicar una operación para instalarle un nuevo aparato que regule el funcionamiento del corazón, pero, al dejar pasar un mes y medio, se deterioró su estado de salud, por lo que requirió de una operación de urgencia tras la cual fue transferido al hospital de Al-Ramlah, a pesar de la oposición del médico del hospital Tel Hashomer que exigía mantenerlo bajo observación. Las autoridades carcelarias rechazaron tal pedido.
En hospital de Al-Ramlah sufrió de una infección en el área de la operación, por lo que la administración de dicho centro tuvo que trasladarlo al hospital Tel Hashomer para someterlo a otra intervención, a lo cual se opuso el médico.
Y así continúa hasta el momento el sufrimiento del prisionero Riad Al-Amour, quien espera que se alcen las voces para reclamar la intervención de las instituciones y así recibir el trato indispensable y ser puesto en libertad.