Reporte

 
En Beirut, la vida vuelve a casa
Por: Angel Palacios y Eduardo Viloria*
18 de agosto del 2006
 

Los habitantes de los barrios devastados de la capital libanesa regresan a sus casas, para iniciar la nueva fase de la resistencia: la reconstrucción del país

Luchar unidos con fé en la victoria: La clave con la que el pueblo libanés y palestino ha podido aislar y derrotar hasta el momento la ofensiva genocida desatada por los israelíes. Abdel-Kader Al-Hindawi es uno de los muchos habitantes de Beirut que ha aprovechado el dudoso “cese temporal de hostilidades” para salir de los refugios y volver a casa, en lo que es una nueva estrategia de resistencia: la reconstrucción del país.

Se cumplen ya tres días del primer cese temporal de ataques en la última guerra unilateral de Israel contra el Líbano. Después de más de 30 días de bombardeos constantes contra la población, el Estado de Israel no ha logrado su objetivo de tomar ese país ni de provocar un enfrentamiento civil entre los distintos sectores, a pesar de haber contado con el apoyo del gobierno de Estados Unidos.

El saldo en el Líbano supera el millar de muertos, la inmensa mayoría civiles; destrucción de infraestructura; miles de viviendas destruidas y evacuaciones masivas hacia zonas montañosas. En contrapartida, de las casi 200 víctimas producto de la resistencia libanesa al ataque israelí, la mayoría son soldados de las fuerzas ocupantes caídos en combate, pertrechados con los últimos adelantos tecnológicos y con el apoyo de la mayor maquinaria de guerra de la región.

Abdel-Kader Al-Hindawi: "Aún escucho los truenos de los misiles"

El dudoso “cese temporal de hostilidades” fue aprovechado por muchas familias para salir de sus refugios y volver a casa, en lo que es una nueva estrategia de resistencia: la reconstrucción del país.

Esta es la historia del amigo Al-Hindawi, quien vivía con toda su familia al sur de la ciudad de Beirut. Su calle fue uno de los blancos elegidos por el ejército israelí para lanzar en un solo día más de 30 misiles, que cayeron alrededor del edificio de Abdel-Kader. Aunque ninguno impactó en él, a su alrededor los demás se convirtieron en escombros y el suyo se desbarató con las ondas expansivas y los pedazos de muro y piedra que volaron por los aires.

La lógica de cualquier militar con algo de sentido común haría suponer que para haberse decidido a destruir la zona con esa magnitud de bombardeos, se trataba de un peligrosísimo centro de fábrica de armas químicas o un almacén de uranio enriquecido para acciones turbias contra la humanidad. Pero no, nada de eso. Allí vivían y hacían vida familias, civiles, gente desarmada. La acción de ese bombardeo no responde sino a la lógica del terrorismo: lograr la dominación de una población desatando el terror y el pánico a través de acciones criminales. Pero en eso fallaron los cálculos israelitas: cientos de familias como la de Abdel-Kader vuelven a sus hogares a recomponer sus vidas, demostrando que su decisión de no abandonar su tierra es inquebrantable.

Fue uno de los pocos que permaneció en la zona del bombardeo y salió con vida para contarlo

“Gracias a Dios que ya había sacado a mi familia hacia un lugar seguro. Yo me quedé solo en este edificio cuando comenzaron a bombardear y me resguardé en la escalera del 1er piso. A mi familia ya la había mandado a las montañas fuera de Beirut. Yo me quedé porque pensaba que podría sacar el tractor con el que trabajo cuando se presentase una oportunidad. Fue una locura, pensé que moría. Aún escucho los truenos de los misiles. No pude salir porque las bombas no dejaron de caer el día 15.”

Su esposa, la señora Hindawi, desaprueba mientras escucha a su esposo: “Es loco. No sé como lo dejé quedarse. Pudimos perderlo”. Su tractor no se salvó. Quedó tapiado bajo los escombros que se ven desde el balcón de su vivienda. Desde cada una de las ventanas de la casa el panorama es el mismo: destrucción, escombros y olor a muerte. Los primeros estudios que se hicieron señalan que al menos 15.000 viviendas fueron dañadas total o parcialmente en el país. El nivel de destrucción causado por Israel no tiene precedentes en la historia de las guerras sionistas contra el Líbano.

"Perdimos todo pero podemos comenzar de nuevo. Estamos vivos"

Su hijo Mohammad escucha mientras Andel-Kader nos muestra lo que quedó de su apartamento: “Esa era nuestra sala comedor. Los golpes de las ondas derribaron la mitad del techo. Tendré que levantarlo otra vez. Perdimos todos los muebles pero estamos con ánimo porque podemos comenzar de nuevo. Estamos vivos.”

El caso de Andel-Kader es el mismo de miles de desplazados que están regresando desde distintos lugares del Líbano, decididos a reconstruir lo que quedó de sus hogares e ignorando el desafío del Estado israelita, que advirtió que no debían hacerlo aún. La resistencia del pueblo libanés sigue ganándole la batalla al invasor sionista apoyado por Bush.

“Somos árabes. Sabemos luchar unidos contra todo lo que pueda venir"

Hassan Nasrallah, secretario general de Hizbolláh, anunció por TV hace dos días que mientras durase el cese al fuego la resistencia se encargaría de la reconstrucción:

“Equipos juveniles harán un estudio sobre los terrenos destruidos y se ofrecerá, a partir de mañana, a cada familia cuya casa fue destruida totalmente, lo que equivale a un año de alquiler más el valor de los muebles de su casa. No esperaremos que se implementen los mecanismos del gobierno, dado que tomaría mas tiempo.”

El dirigente de Hizbolláh hizo un llamamiento a todos los libaneses, ingenieros, obreros y expertos a sumarse voluntariamente en los trabajos de la reconstrucción. En la calle donde vive Andel-Kader se ve ya el movimiento de despeje de vías, maquinarias y voluntarios.

La crisis humanitaria es tan grave en las zonas bombardeadas, que es difícil imaginar como podrá superarse el problema alimenticio, de aguas, la falta de electricidad, el trabajo que la gente perdió, el transporte, la salud, la educación. Mientras compartimos un refresco hecho en casa con frutas de la azotea de Andel-Kader, son miles las interrogantes que nos vienen a la cabeza sobre cómo podrá enfrentar el pueblo libanés esta nueva etapa de la agresión que es la subsistencia en condiciones de desastre total.

La esposa de Andel-Kader, con una serenidad capaz de derrumbar ejércitos genocidas, nos dio la clave muy tranquila:

“Somos árabes. Sabemos luchar unidos contra todo lo que pueda venir. Y tenemos mucha fé.”

Luchar unidos con fé en la victoria

En su azotea, la familia de Andel-Kader tiene una tropa de hijos adoptivos: pichones de paloma y plantas. “Los sobrevivientes de la guerra” como dice su hija. “Los pichones están volviendo poco a poco después del bombardeo, como hicimos nosotros. Nunca dejaremos nuestra tierra. Ahora estamos durmiendo en la azotea de la casa que es el lugar más seguro y usamos el baño de una vecina mayor que vive sola en el segundo piso.”

Luchar unidos con fé en la victoria: La clave con la que el pueblo libanés y palestino ha podido aislar y derrotar hasta el momento la ofensiva genocida desatada por los israelitas. Si la cobardía militar sionista convirtió a los hogares libaneses en objetivos militares de sus ataques, el pueblo libanés convirtió cada uno de sus hogares en un bastión de la resistencia con las armas de la unidad, la organización popular y la fé en la victoria.

La fortaleza de familia de Abdel-Kader, como la de tantas otras que vuelven a sus hogares en el Líbano, es la clave de una victoria que ningún satélite de espionaje imperialista podrá jamás descifrar.

Corresponsales de ANMCLA en el Líbano.
Fuente: ANMCLA

 
 
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